Datos oficiales dicen que las denuncias aumentan.
Sin embargo, la solución de esta problemática no radica solamente en enviar a la cárcel, también en el fortalecimiento de los valores familiares y así lograr que esta aberración, la cual por humanos e imperfectos no desaparecerá, se atenúe lo máximo posible. Además de los casos tan sonados que se endilgan a sacerdotes, los pedófilos están en escuelas, clubes, hogares y hasta donde menos pensamos: jardines de infantes, guarderías, el vecino o pariente, hombres y mujeres.
Está claro que las denuncias sobre acoso infantil tienen que tener pruebas fehacientes. Hoy podemos ver muchas campañas “emotivas hasta las lágrimas” que irresponsablemente acusan al padre, como si esto fuera una verdad única e irrebatible. Bien por la prevención, pero tomemos ciertas afirmaciones con pinzas. Tampoco se trata de acusar porque se hizo una bola de acusadores. Seamos justos y valientes para denunciar, pero también cautos con los datos que manejemos.
Ayudemos a que la justicia se ocupe de los casos graves y no se vuelva servil a intereses de organizaciones de compraventa que lucran con la destrucción del ser humano.
En Europa hace décadas se escucha sobre los abusadores de bebés y niños.
Sepamos que el movimiento activista pedófilo nace en 1950 en los países bajos, con sus idas y venidas, aliados y exaliados, busca hasta hoy “legalizar el amor entre el adulto y el niño”. Entre sus reclamos figura bajar la edad mínima de consentimiento sexual y legalizar la pornografía infantil. Para la mayoría de los psicólogos, las diversas posiciones de este movimiento son una característica de las distorsiones cognoscitivas de abusadores sexuales. Cabe resaltar que la pedofilia, si no se trata a tiempo y con extrema buena predisposición, quizás hasta con métodos químicos, acabará en la pederastia, es decir, en la violación sexual de niños.
Lamentablemente, ya no solo debemos pensar en casos aislados; existe un trabajo mediante subterfugios –y no tanto– por “normalizar” esta amenaza e instalarla socialmente. De hecho, uno de los reclamos de los pedófilos “es la eliminación de la pedofilia como parafilia por parte de la OMS y otras organizaciones de referencia de salud mental a nivel mundial; también utilizar otros términos como ‘childlover, boylover o girlover’ y descartar el de pedófilo” (Internet).
Aunque aparentemente el movimiento se ha vuelto impopular, no podemos negar que el libertinaje todo lo permite y expresa una ideología poderosa de la perversión que avanza.
Es esencial que la pareja comparta líneas de educación, conversaciones claras, estrategias para enfrentar este tema terrible pero creciente y real. Un niño no será protegido por un video, ni por una recomendación, ni siquiera por la sobreprotección o sobreinformación, sino principalmente por la presencia y el diálogo abierto con sus padres y maestros. De hecho, todos –con hijos o no– debemos estar preparados, buscar información sobre prevención de abusos y violaciones. Nuevos tiempos, eternos males.
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