Los diputados comienzan a pensar en sus propias necesidades. Atrás quedó el bloque sólido que daba un respaldo ciego al Poder Ejecutivo frente a una Cámara de Senadores controlada por la disidencia y la oposición. Con la interna partidaria cada vez más cerca saben que no todos estarán en la lista oficialista para el 2018. Necesitan con urgencia generar un espacio propio que les permita tener capacidad de negociación. Adocenados en un gran bloque los diputados pierden fuerza. Se diluyen.
Los temores del Poder Ejecutivo empiezan a tomar cuerpo más rápido de lo que tenían previsto. En el entorno presidencial esperaban que el ambiguo discurso de Cartes en la convención colorada, dejando abierto el camino a una eventual reelección, mantuviera la unidad al menos hasta el primer trimestre del próximo año.
Casi con dos años de mandato por delante, con obras a medio hacer y las urgencias de financiamiento externo que necesariamente debe tener el acuerdo las cámaras, genera inquietud. Sin mayoría en la Cámara de Senadores y en la Cámara de Diputados, con un año puramente electoral a punto de iniciarse, todo podría ser muy sombrío para la gestión gubernativa.
Para el Gobierno se abre un nuevo tiempo. La mayoría automática que hasta hace algunas semanas estaba asegurada, generando cierta tranquilidad, ahora está en cuestión. Las lealtades se vuelven inestables, volátiles. Cambian en unas pocas horas.
La mesa de negociación sumó nuevos actores en la Cámara de Diputados. Hugo Velázquez ya no es el único interlocutor del presidente Cartes. Ahora los acuerdos necesariamente tendrán que pasar al menos por otros tres voceros más que identifican a igual cantidad de nuevas bancadas. Velázquez aseguró su espacio de poder y se quedó con la presidencia de la cámara hasta el final del mandato; pero está lejos de cumplir su promesa de ser la herramienta eficaz que necesita el presidente Cartes para hacer frente a la tormenta que tendrá por delante.
Este nuevo esquema de negociación ubica en una situación sumamente frágil al Poder Ejecutivo. El más mínimo desacuerdo hará que, en el mejor de los casos, sus iniciativas queden varadas en el Congreso. En el peor escenario serán directamente rechazadas tal como ocurrió hace algunas semanas con el préstamo de 200 millones de dólares destinados a financiar obras.
En el Gobierno empezaron a buscar alternativas, pero no hay margen para escapar al poder del Parlamento. Necesariamente habrá que negociar y hacer concesiones para tratar de mantener cierta gobernabilidad.
Mientras las lealtades se resquebrajan en el Congreso, el proselitismo partidario cobra fuerza.
La interna liberal lejos de encontrar una salida se profundiza cada día que pasa. Efraín Alegre logró ser electo presidente de los liberales, pero está lejos de poder tener el control partidario. La falta de tacto y el afán de confrontar permanentemente le están generando serios problemas, amenazando incluso su futuro como candidato a la Presidencia de la República en 2018.
Los liberales que responden al liderazgo del senador Blas Llano sostienen que Alegre está destrozando al partido. Incluso anunciaron que están dispuestos a sacarlo del cargo para evitar males mayores.
Un enfrentamiento de esas dimensiones podría dejar de lado a los liberales de la carrera presidencial. Eso hace poco probable que las amenazas llanistas se conviertan en realidad; pero aún así habrá que seguir mirando cómo se desarrolla esa crisis. No sería raro que en un tiempo corto ocurran importantes cambios.
ogomez@abc.com.py