Don Carlos fue uno de los mejores presidentes de la República que tuvo el Paraguay. Un estadista que impulsó el crecimiento intelectual de jóvenes y promovió el desarrollo en base a la educación y el trabajo técnico de profesionales.
El rol del periodista seguirá siendo igual en todas las épocas de la historia, sea en la dictadura, en la transición y en la democracia. La tarea consiste en informar, orientar a la opinión pública, entretener y educar porque los medios participan en la educación informal, mientras que la formal está a cargo de escuelas y colegios.
Sin embargo, debemos señalar que la libertad de expresión y de prensa es un derecho inalienable de la ciudadanía. No es prerrogativa de los que están en el poder político, social, económico ni religioso.
La libre expresión no puede estar contaminada por intereses partidarios, credos ni de grupos que quieren llevar aguas a su molino y sacar beneficios. Peor aún cuando aparecen dirigentes inescrupulosos metidos en hechos punibles como el contrabando y aparecen como mansos corderos ante la sociedad.
Como resultado el país está sumergido en la pobreza, falta de salud, educación y la inseguridad.
En medio de una corrupción generalizada (que se volvió transversal) se desarrolla la transición democrática. La mafia encubre sus actividades y transita por caminos torcidos y no le interesa la comunidad y menos aún la Patria.
Ante la falta de orientación razonable, incluso de sentido común de parte de las autoridades, está el deber de informar y denunciar. Cada quien debe cumplir su rol con responsabilidad y honestidad. Nuestra difícil misión es llamar la atención y alertar a la opinión pública.
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