El precio de la democracia

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La disputa política actual en el país amenaza con mezclar todo, dejando de lado algunos presupuestos básicos de la convivencia democrática.

Algunas fracciones de la oposición y del partido oficialista parecen ahora sentirse más identificados, por intereses ocasionales, con algunos que serían sus adversarios habituales antes que con aquellos con quienes supuestamente comparten origen e ideología.

Desde que a mediados del año pasado se definió la interna del PLRA, el mayor partido de oposición, y cuando el cartismo comenzó a operar con fuerza en el Congreso para lograr aprobar la reelección, modificando la Constitución, se incentivó una feroz disputa por el poder.

La lógica de esta disputa llevó a que sectores del PLRA se unieran con sectores de la ANR por conveniencias coyunturales relacionadas al escenario electoral del 2018.

El efrainismo, sector liberal que ganó la interna de ese partido, se unió con otros partidos de la oposición que compartían el objetivo de confrontar a Cartes y también con el sector disidente del Partido Colorado enfrentado al cartismo.

Por su parte, el cartismo se unió con el sector derrotado en la interna del PLRA, el llanismo y con el principal partido de la izquierda, el Frente Guasu (además de Unace, pequeño sector de la ultraderecha vernácula en vías de extinción). El objetivo común del cartismo y el luguismo, grupos políticos antagónicos, era lograr la habilitación de sus respectivos líderes, Cartes y Lugo, para optar por una nueva candidatura a la presidencia.

Estos acuerdos, se sobreentiende, fueron y son puramente coyunturales, ya que, como adversarios políticos históricos, se da como un hecho que comparten visiones políticas distintas sobre la manera de administrar el país.

Se planteó una encarnizada lucha política que se extiende hasta ahora y que motivó la formación de dos bloques que trascienden a los partidos políticos. Por un lado, el cartismo (ANR), el llanismo (PLRA), el Frente Guasu y Unace. Por el otro, el efrainismo (PLRA), el abdismo (ANR), el PDP y Avanza País.

Este alineamiento de sectores políticos rivales que se unen para enfrentarse a otros alineamientos similares no son novedosos en nuestra historia política. Pero, el panorama actual se ha vuelto más complejo porque en el transcurrir de esta pelea se atropella la institucionalidad de los partidos políticos y el mismo ordenamiento jurídico institucional.

Lo peligroso es que los actores políticos, en pos de llegar al poder, relativicen todo y se llegue al punto de poner en juego valores democráticos que mucha sangre ha costado al pueblo paraguayo conseguir.

Más aún, porque es evidente que hay personajes de gran poder económico, sin mucha formación intelectual, carentes de valores como la tolerancia y el consentimiento, que creen poder comprar todo como si fuese vil mercancía.

mcaceres@abc.com.py