Autoridades municipales y departamentales se han enfrascado en una disputa por el poder al más puro estilo maquiavélico.
La historia se está repitiendo. Los principales líderes del departamento, representados esta vez por la gobernadora Marlene Ocampos (ANR) y el diputado nacional José Domingo Adorno, mantienen un enfrentamiento político ya con miras a las elecciones de 2018. Situación que ya crea una profunda división social dentro en las comunidades.
Las redes sociales o las radios FM locales son los medios más comunes utilizados por los seguidores de ambos bandos para lanzar agravios personales, con el solo objetivo de potenciar a sus líderes ocasionales.
No causaría extrañeza que a pesar de la encarnizada lucha actual, estos políticos finalmente se presenten unidos en una sola chapa electoral, y menos sorprendente aun sería que los pobladores los vuelvan a votar.
En el extremo Norte del país desde hace décadas prevalece la “dorada mediocridad”, muy beneficiosa para los políticos que ven a esta región como una gran oportunidad para aumentar sus fortunas personales.
La seudopolítica practicada desde hace años por los oportunistas lo único que ha logrado es la división social y el atraso. Con eternos caminos intransitables, escuelas derruidas y carentes no solo de infraestructura si no de materiales didácticos y docentes.
Las pruebas son más que elocuentes. Los exgobernadores utilizaron más de G. 300.000 millones para solucionar el problema de las vías de comunicación. Sin embargo, la realidad es la misma desde hace unos 25 años: caminos cortados y puentes caídos. Ni hablar de la temporada de lluvia, que es cuando los moradores deben soportar hasta unos seis meses de aislamiento.
Las excusas también son versiones repetidas. Culpan a los exgobernantes, pero tampoco presentan soluciones reales a sabiendas de que ya están a punto de culminar sus periodos de gobierno. Y es precisamente por esta última situación que de nuevo comienza la lucha por el poder.
Los menonitas en el Chaco central cuentan con una red vial superior a los 20.000 km, todas en perfecto estado.
En el Alto Paraguay, los caminos no superan los 1.000 km y la mayor parte del año están en pésimas condiciones.
Si parte de los millonarios fondos de la Gobernación y de las municipalidades se hubiesen utilizado con honestidad y trasparencia, hace bastante tiempo esta región se hubiera convertido en un polo de desarrollo.
La gran diferencia entre estos dos departamentos chaqueños es a las claras, la situación de la red vial.
En el caso de Boquerón, destaca la forma correcta del uso del dinero y –por sobre todas las cosas– la mentalidad de trabajo y seriedad que caracterizan a los colonos menonitas.
El Alto Chaco es una zona de exuberante naturaleza, siendo el rubro pecuario el más explotado, con un hato ganadero de casi 2 millones de cabeza de ganado. El sector se constituye en el principal sustento económico de la región.
Sin embargo, la corrupción imperante en las administraciones de bienes públicos impide que sus pobladores no puedan aspirar a una mejor condición de vida social.
Los chaqueños no merecen seguir viviendo de esta manera, humillante, en pleno siglo XXI, decía el obispo del Chaco monseñor Gabriel Escobar.
Una fórmula para tratar de cambiar esta pésima realidad es el despertar ciudadano, sometido hace décadas por personalismo y la prepotencia de sus autoridades.
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