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Una más que acertada medida es la que prometió aplicar el director de la playa San José, Sergio Godoy, en lo que refiere a la “imagen” que proyectan los guardias municipales que cumplen tareas en materia de seguridad. Ciertamente, no se los ve como custodios del espacio público más concurrido de una ciudad veraniega que recibe con los brazos abiertos a turistas.

Unos sujetos con uniforme paramilitar, guantes y chalecos tácticos, esposas y enormes cachiporras cruzadas a la cintura. No proyectan precisamente una imagen amigable, sino contrariamente, un aspecto intimidatorio y agresivo.

Es cierto que Encarnación “vende” seguridad a los turistas -como dice el administrador de playa-y que esto también hace al atractivo de la ciudad, pero no es menos cierto que la costanera, y particularmente la playa San José, prácticamente está rodeada de policías uniformados, agentes de tránsito municipal, y en la zona de playas hay efectivos de la Prefectura Naval, organismo que, en última instancia, es el que tiene competencia de policía dentro de la zona ribereña, y dentro de una franja de hasta 55 metros desde el punto límite de la playa de arena.

La presencia de estos “guardias privados” es una rémora de cuando anteriores administraciones comunales habían “privatizado” las playas y sus custodios eran una especie de “fuerza de ocupación” con atribuciones hasta de, literalmente, echar a patadas a quienes no se “adecuaban” a las reglas de sus patrones.

Posiblemente, como afirma Godoy, la garantía de seguridad atrae a la gente, pero si podemos ofrecer a los visitantes un trato cordial, respetuoso, que se sientan a gusto y quieran volver, por qué no optar por la excelencia. Al fin y al cabo, es lo que pretendemos: ser una ciudad moderna, cosmopolita, de gente hospitalaria, y no un lugar donde el visitante sea tratado como potencial delincuente bajo vigilancia de unos personajes salidos de alguna grotesca película de acción.

Finalmente, esta supuesta imagen de “duros de matar” que pretenden proyectar estos guardias solo sirve para impresionar a los niños y a pacíficos veraneantes, pues quienes vienen con ánimo de delinquir o patotear no les temen ni les respetan.

jaroa@abc.com.py