Y me refiero “población” y no a “ciudadanía” con el propósito de poner de manifiesto una notoria diferencia cualitativa entre ambos. Mientras “población” se refiere a una masa amorfa, a un conjunto de seres vivos que habita un determinado lugar o país, el concepto de “ciudadano” implica una serie de cualidades que lo alejan del mero ser biológico y lo convierte en parte activa de la comunidad. Un sujeto crítico, con discernimiento, capaz de ejercer su libertad, con derechos y obligaciones.
Por demasiado tiempo nuestra sociedad estuvo y sigue estando conformada por “pobladores”. Seres que miran indiferentes, ausentes, adormecidos, que ciertos individuos que dicen practicar el arte de la política se tiran “a la colancia” la riqueza del Estado. Usan y abusan de los recursos, destruyen la naturaleza, roban el dinero, condenando al país al atraso, a la pobreza moral y material.
Estamos a las puertas de unas nuevas elecciones y los piratas salen a la “caza” de la confianza y la ignorancia de quienes los entronarán en el poder. En rigor, no se elegirá nada. El único partido capaz de ganar con votos propios –el colorado– presenta un mosaico de figuras repetidas y con nefastos antecedentes “colada” en listas sábana cerradas, cocinadas al calor de las apetencias y conveniencias de grupos de poder fáctico bajo ropaje democrático.
La oposición no se queda atrás en esta materia y, convertida en una bolsa de gatos, no hace sino el triste papel de idiota útil que facilita el juego al oficialismo.
Entretanto, desde la precaria pared de una choza de barrio marginal, sin calles, sin agua, sin sistema sanitario, el miserable exhibe orgulloso a "su" candidato, que mira desde el afiche con una dibujada sonrisa de plástico. El miserable sometido a quien lo mantiene en la miseria. Una realidad de nunca acabar.
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