Lo que necesitamos

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Es poco probable que a alguien se le ocurra discrepar de que hoy en día el mejor recurso que tienen las naciones para crecer y desarrollarse es la educación.

Vivimos en la era del conocimiento y la tecnología. Vivimos en esta nueva era de globalización, globalización que ya se dio en otros momentos de la historia de la humanidad, pero esta tiene la peculiaridad de que pone al alcance de cualquier ser humano, viva donde viva, una gama de conocimientos, ciencia, técnicas y tecnología jamás siquiera sospechada.

Desarrollar habilidades, competencias y talentos está al alcance.

Podemos hacer que nuestros niños y jóvenes aprovechen para su propio beneficio y la de su comunidad todas estas posibilidades. Solamente un mal gobierno o la indiferencia del resto de la sociedad pueden frustrar tan promisorio futuro.

Es decir, solamente los paraguayos podemos impedir que nuestros hijos y nietos tengan una vida digna, llena de oportunidades y plena de realizaciones.

Sin embargo, el desarrollo de conocimientos, habilidades y competencias no es el único ni tan siquiera, probablemente, el principal desafío que tiene el sistema educativo paraguayo. Collin Powell, en su “Leadership Primer”, ya advertía a todos, sobre todo a empresarios y emprendedores, de lo insuficiente que resulta la “capacitación” y de lo fundamental que es la “formación”. Decía: “Puedes entrenar a un novato entusiasta e inteligente en los fundamentos de tu negocio, pero es mucho más difícil entrenar a alguien para que tenga integridad, buen juicio, energía, balance y el entusiasmo para hacer lo que debe hacerse. ¿Cuán a menudo nuestros procesos de reclutamiento buscan estos atributos? Más a menudo, los ignoramos a favor de los currículum vitae largos y los títulos anteriores, cuando lo verdaderamente importantes es saber cuán bien encajan sus valores con los de la organización”.

La educación es un proceso permanente e inacabable.

“El proceso de vinculación y conciencia cultural, moral y conductual. Así, a través de la educación, las nuevas generaciones asimilan y aprenden los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo de generaciones anteriores, creando además otros nuevos”.

Se le atribuye a Napoleón –por eso se la conoce como “la cadena de oro de Napoleón”– la siguiente frase: “Buenos maestros hacen buenos ciudadanos, buenos ciudadanos eligen buenos gobernantes, buenos gobernantes designan buenos maestros, buenos maestros hacen buenos ciudadanos…”, y sigue la cadena.

Esta es la clave, definir qué es ser “bueno” para definir el tipo de sociedad en la que queremos vivir.

Cuáles son los valores y los principios que condicionan nuestra conducta individual y caracterizan a nuestra sociedad. ¿Se premia o desprecia el conocimiento? ¿Se aprecia o desprecia al que se esfuerza, al honesto, al dedicado, al que respeta las leyes y las reglas de la sana convivencia o, por el contrario, se los margina y se potencia al avivado, al badulaque, al mediocre o al inescrupuloso?

Cuesta creer, pero quisiera tener la esperanza de que el presidente Fernando Lugo pueda dedicarles un tiempo a las cosas verdaderamente importantes y se ocupe del, probablemente, más importante de los asuntos de Estado: la educación.

Que en su calidad de corresponsable de la educación de sus hijos y de nuestros hijos que van a escuelas, colegios y universidades, tome conciencia de que tiene el poder para enmendar y reencauzar el proceso en la educación paraguaya, para cumplir con nuestra obligación con la generaciones futuras. Es deseable y conveniente que no persista en el error de utilizar el sistema educativo con propósitos políticos electoralistas.

Ante la crisis, el remedio es único; no hay otro: es la educación. Pero cuando la enfermedad está en el remedio, tenemos la peor de las crisis. La educación en el Paraguay está contaminada con elementos removibles. Es lo que hay que hacer: eliminar los elementos contaminantes y recomenzar la gran tarea.

Esta tarea recae fundamentalmente en el Presidente, en los Congresistas, pero, sin duda alguna, también en toda los sociedad, para evitar que se siga con la tendencia de manipular la educación en beneficio de muy pocos, extremadamente pocos, y en detrimento de extremadamente muchos.