Caminos intransitables, endebles torres de transmisión de electricidad, hospitales precarios, locales escolares improvisados son solo algunos de los frenos al desarrollo que deben ser superados. El año que termina, con la inquietante crecida de los ríos en los primeros meses, los nunca superados problemas que las lluvias generan en las zonas bajas de Pilar y Alberdi, la falta de alternativas para los pequeños productores de la zona, dejó, sin embargo, una luz de esperanza en tiempos mejores.
El inicio de obras trascendentales, como la pavimentación de la vía que une Villeta con Alberdi, la licitación del asfaltado de la ruta que unirá Pilar con la zona norte, el avance de la reconstrucción de la Ruta 4, el inicio de los trabajos para la ruta de circunvalación de la capital departamental generan cierta confianza en que el futuro será mejor. Igualmente, la licitación para adecuar el puerto de Pilar a la actual demanda, el inicio de la construcción de la costanera de Alberdi y de un puente internacional que una Ñeembucú con Argentina solo depende de un guiño del presidente del vecino país, Mauricio Macri, alimentan la fe.
Ojalá se pueda borrar de la mente de los lugareños la desilusión de ver cómo en pocos años una ruta inaugurada se destroza y requiere de permanente mantenimiento, tal como ocurrió con la Ruta 4. Igualmente, la caída en serie de las torres de alta tensión de la ANDE al no soportar tormentas que azotó al sur, dejando sin electricidad por varios días a todo el duodécimo departamento. Si las obras en ejecución son realizadas contemplando todos los aspectos técnicos y las que están proyectadas son de calidad desde el plano inicial, podremos sentirnos satisfechos y estaremos indudablemente ante una nueva era para el Ñeembucú, borrando más de un siglo de injusta marginación.
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