01 de Diciembre de 2016 09:54

 

Paraguayo debía advertir pero piloto tenía la última palabra

El paraguayo Gustavo Encina, quien viajaba como despachante en el siniestrado vuelo de Lamia, era responsable de facilitar datos sobre el combustible. Sin embargo, el máximo responsable y quien tenía la última palabra antes despegar era el piloto.

Así lo señaló Rubén Aguilar, administrador del aeropuerto internacional Silvio Pettirossi, quien se refirió a los comentarios sobre el grado de responsabilidad que tenía el piloto Gustavo Encina, quien viajaba como despachante de vuelo en la aeronave LMI2933 de la empresa Lamia, que se estrelló en la noche del lunes último en Medellín. La tragedia dejó 71 muertos -entre ellos el paraguayo- y seis sobrevivientes.

Además de apuntar a una posible negligencia del piloto del avión de la compañía Lamia, el capitán boliviano Miguel Quiroga, algunas voces comenzaron a señalar la función que debía cumplir Encina, desde su cargo auxiliar en el vuelo.

Ante las observaciones sobre el paraguayo, Aguilar señaló que era el piloto el máximo responsable, ya que es quien tiene la última palabra en base a los datos que le brinde el despachante. “La responsabilidad del despachante de vuelos es hacer este tipo de cálculos, facilitarle al comandante toda la información sobre la cantidad de combustible, cómo están las rutas, las condiciones del destino; todo lo que se refiere a las condiciones para un vuelo”, explicó.

Insistió en que a pesar de las observaciones que se pudo o debió haber acercar al piloto responsable, “el que finalmente toma la decisión (de despegar o no en ciertas condiciones) es el comandante”.

Recordó que en varias ocasiones, aviones comerciales debieron retornar ya cuando se disponían a despegar, por decisión del piloto en base a un informe del despachante. “En varias ocasiones un avión retornó de la cabecera de la pista, ya próximo a despegar, a fin de recargar más combustible, porque cuando carreteaba recibieron información de que en tal aeropuerto de destino había mucha actividad o un accidente en pista”, detalló.

Aguilar reiteró en varias ocasiones que -a pesar de la función que cumplía el paraguayo- “la última palabra la tiene el comandante”. “Si a mí me trae un despachante un informe y yo creo que el avión está sobrecargado, yo le digo que me descargue, que con esa carga no puedo volar... O digo que necesitamos más combustible porque en esas condiciones voy a consumir más combustible”, ejemplificó.

Por otra parte, el administrador del aeropuerto se refirió a la doble función que cumplía Gustavo Encina en el siniestrado vuelo, ya que por era representante en Paraguay de la aerolínea Lamia y a la par formaba parte de la triputación, como despachante de vuelo. “No es recomendable que el representante de una empresa esté en la parte operativa”, observó.

Audios de la última conversación entre el piloto boliviano y la torre de control en el aeropuerto internacional José María Córdova, de Medellín, confirman que efectivamente el avión de Lamia, que transportaba al equipo del club brasileño Chapecoense, quedó sin combustible a poco de llegar a la pista. “Señorita, Lamia 933 está en falla total, falla eléctrica total, sin combustible”, fueron las palabras del piloto poco antes de estrellarse contra el cerro Gordo, a solo 17 kilómetros del aeropuerto.

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