El intendente saliente Luis Bello (ANR-cartista) hereda a la administración entrante de Soledad Núñez obras de desagüe pluvial plagadas de retrasos, paralizadas y con fondos agotados. La falta de avance de los trabajos que debieron ser financiados con los bonos G8, desviados durante la gestión de Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR-cartista), generan graves perjuicios cotidianos para los vecinos de los barrios afectados.
Promesas de papel en Asunción: las cuatro trampas de desagüe que recibe Soledad Núñez
La nueva administración de Soledad Núñez asume con cuatro proyectos de desagüe pluvial inconclusos que fueron prometidos por Nenecho mediante la emisión de los bonos G8. Dicha gestión incurrió en un desvío masivo de estos fondos hacia gastos corrientes, en su mayoría, salarios, dejando sin financiamiento las obras planificadas.
El ritmo de ejecución de los trabajos mantuvo una marcada lentitud desde el inicio de las obras bajo el mandato de Rodríguez, quien renunció en agosto debido al escándalo desatado por el desvío de los fondos. La gestión de Luis Bello no logró revertir este estancamiento operativo, manteniendo frentes paralizados en zonas de alta vulnerabilidad. En la cuenca Lambaré, correspondiente al barrio San Pablo, la evidencia visual confirma un desarrollo mínimo de la infraestructura prometida.
La obra del desagüe pluvial de San Pablo inició en mayo de 2024 y registraba apenas un 30% de avance físico al momento de la renuncia de Rodríguez en agosto de 2025. Catorce meses después, al cierre de la administración de Bello en noviembre de 2026, la ejecución alcanzó únicamente un 50%. Esto demuestra que durante más de un año de gestión de cierre solo se logró avanzar un 20% adicional en el proyecto.
El informe final de Carlos Pereira, quien intervino la gestión de Nenecho el año pasado, detalló que las deficiencias de origen del proyecto y la falta de datos precisos de entes como Essap, ANDE y Copaco causaron severos retrasos. Además, se detectaron conexiones clandestinas de agua servida dirigidas a la red pluvial. A estos factores se sumaron complicaciones climáticas donde las propias calles intervenidas actuaron como canales de drenaje.
En el corazón de San Pablo: comercios bloqueados, cloaca abierta y miedo a los raudales
Pese a las afirmaciones de la gestión de Bello sobre la reactivación de los trabajos en San Pablo, la realidad en la calle Urutaú muestra un panorama opuesto. Los vecinos ubicados entre Guatambú e Yby’a enfrentan severos bloqueos de acceso y restricciones a la movilidad. Esta situación paraliza la logística de los comercios, generando un fuerte perjuicio económico en toda la zona.
Los pobladores expresan su temor constante ante los raudales y el colapso frecuente de la red de alcantarillado sanitario durante los días de lluvia. “La cloaca explota con cada lluvia y ahí es una mezcla de lluvia con aguas negras”, declaró un trabajador de la zona. Asimismo, agregó que ante la fuerza del agua los empleados deben salir apresuradamente a resguardar sus vehículos estacionados en una zona de fuertes raudales.
Las excavaciones han dejado al descubierto complejas interferencias subterráneas que dificultan el avance regular de las maquinarias. “Dicen que acá van a avanzar más rápido, pero después se encuentran con sorpresas. Acá tenemos un punto de concentración, son varios ductos que tienen que encaminar”, señaló un vecino. La sustitución de cañerías antiguas sigue generando incertidumbre sobre la fecha real de finalización.
Los accesos a depósitos y locales comerciales permanecen obstruidos, obligando a reestructurar la dinámica diaria de carga y descarga de productos. “Algunos están complicados en el tema de la salida, porque tienen una sola. En nuestro caso, esta es nuestra única entrada al depósito y nuestro punto de concentración de los móviles”, explicó un encargado. Los afectados reclaman soluciones definitivas ante el traspaso de mando.
Licitaciones y contratos de obras G8: Estado real de ejecución en Asunción
La obra de la cuenca Lambaré en San Pablo fue adjudicada al Consorcio CCC Tecsul por un monto de G. 64.777 millones, habiéndose pagado G. 25.540 millones. Aunque el contrato establecía un plazo original de 18 meses, los trabajos acumulan cerca de 30 meses de ejecución. El avance físico alcanzado representa únicamente la mitad de lo estipulado en la licitación.
En la cuenca Itay, que abarca la zona del Mercado de Abasto, la licitación fue otorgada al Consorcio Pluvial Abasto por G. 71.393 millones. La Dirección Nacional de Contrataciones Públicas reporta pagos acumulados por G. 42.170 millones a la contratista. A dos años y medio de la firma del contrato, la obra registra un avance del 61%, manteniendo frentes pendientes de terminación.
Respecto a la cuenca Santo Domingo, el Consorcio Pluvial Santos recibió la adjudicación por un total de G. 72.389 millones, con desembolsos por G. 17.871 millones. Los trabajos iniciaron el 27 de marzo de 2025 con un plazo contractual fijado en 12 meses. A casi 600 días de la palada inicial, la ejecución física reportada es de apenas un 36%.
Por último, el proyecto de General Santos y San Antonio fue adjudicado a la Constructora Teco SRL por G. 42.305 millones, entregándose un anticipo de G. 9.593 millones. A pesar de haberse realizado el acto oficial de inicio el 20 de marzo de 2025, las obras principales no arrancaron. El avance real se sitúa en un 2%, limitándose a intervenciones menores en calles alternativas.
Salarios en lugar de obras: el millonario agujero presupuestario que dejó el cartismo
La intervención, Carlos Pereira documentó el desvío de G. 512.000 millones provenientes de bonos para obras. Los recursos captados para infraestructura pluvial fueron desviados mediante “terribles prácticas ilegales”, como la utilización de una “cuenta única” hacia gastos corrientes, en su mayoría salarios. Como resultado, de los ocho proyectos prometidos sólo se iniciaron cuatro, quedando todos inconclusos.
El informe de la intervención constató además que las cuatro obras puestas en marcha acumulan sobrecostos estimados en US$ 8 millones. Estos incrementos se derivan de las modificaciones de diseño. Los cuatro proyectos restantes incluidos en el plan de inversión inicial ni siquiera llegaron a licitarse ni ejecutarse.
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Óscar “Nenecho” Rodríguez renunció a la intendencia en agosto de 2025 ante la inminencia de un proceso de destitución por irregularidades financieras. Posteriormente, la mayoría colorada en la Junta Municipal eligió a Luis Bello para culminar el periodo gubernamental. Bello había integrado previamente la bancada oficialista que respaldó y aprobó los cuestionados balances presupuestarios de la gestión de Rodríguez.