16 de Febrero de 2016 08:03

 

A 11 años del cruel final

Por Estefanhy Cantié

Pasaron 11 febreros desde el trágico día en el que un país entero se horrorizó con el hallazgo del cuerpo de Cecilia Cubas. El dolor aún es imborrable para familia, que mantuvo la esperanza hasta ese día. Pero el sueño se rompió con un macabro hallazgo.

Pocos son los que olvidan aquella trágica tarde del 16 de febrero de 2005. Habían pasado cinco meses de angustia, no solo para la familia Cubas-Gusinky, sino para todo el país, que estaba conmocionado con el secuestro de Cecilia Cubas Grau, la hija del expresidente de la República, Raúl Cubas.

El 21 de setiembre de 2004, la mujer de 31 años, había sido secuestrada.

Sus mismos captores se encargaron de confirmar que se encontraba en manos de integrantes del ala extremista del partido Patria Libre, que más adelante se convertiría en el autodenominado EPP.

Más que el hecho de secuestro en sí, lo que horrorizó a la sociedad fue la crueldad con la que, según se pudo probar posteriormente, habían maltratado a Cecilia hasta matarla.

El cuerpo fue hallado sin vida en una fosa, en el barrio Mbocayaty, de Ñemby, el 16 de febrero de 2005. La mujer estaba amordazada, atada, en descomposición. La pesadilla, que tanto se trató de evitar, era una cruda realidad aquel día de febrero.

Triste primavera

El calvario de Cecilia, y de la familia Cubas-Gusinky, comenzó el día de la primavera del año 2004. Eran poco más de las 18:00 y ella salió de su oficina, la empresa familiar 4 P, para dirigirse a su residencia en el barrio Laguna Grande, de San Lorenzo.

En su trayecto, Cecilia, sin percatarse, estaba siendo seguida por dos vehículos, un Ford Escort rojo y un Volkswagen Santana oscuro.

Cuando faltaban apenas 50 metros para llegar a su casa, el Ford chocó fuertemente contra parte posterior de su camioneta, una Nissan Patrol, y le impidió realizar la maniobra de giro.

Cinco hombres, entre los que se encontraban presuntamente Severiano Martínez, Manuel Cristaldo Mieres y Osvaldo Villalba, interceptaron la camioneta y tomaron a Cecilia en medio de numerosos disparos para aterrorizarla y evitar que huyera.

Mientras esto sucedía, su madre, que había escuchado los tiros, pidió ayuda a su guardia militar e intentó llegar hasta el sitio donde se produjo el ataque. Pero el tiempo no le alcanzó. Se habían llevado a Cecilia.

Según contaron testigos posteriormente, la mujer incluso había intentado salvarse bloqueando las puertas del vehículo, pero no le sirvió de nada. Los hombres rodearon el rodado y, mientras unos disparaban, otro utilizó un martillo de construcción para romper los vidrios de la camioneta. Tras desbloquear la puerta de la camioneta, quitaron a rastras a Cecilia Cubas, la subieron a bordo del Santana y huyeron del lugar.

Según cálculos posteriores, se estima que el operativo de rapto duró como máximo cinco minutos.

El vehículo de la joven, que había quedado en el lugar, tenía numerosas perforaciones de balas. Además, las cubiertas habían sido destrozadas e incluso el motor estaba perforado con disparos. El Ford, del que descendieron parte de los secuestradores, quedó en el sitio.

Negociaciones, multas y promesas

Pronto comenzaron a darse los primeros contactos de la familia con los captores, quienes exigían US$ 3 millones para liberar a la mujer.

En ese tiempo, diariamente se veía a la madre de Cecilia a través de los medios de comunicación, clamando por la vida de su hija e insistiendo en que su familia no disponía de la suma de dinero exigida. Finalmente, el 21 de diciembre, los Cubas-Gusinky pagaron US$ 300.000, creyendo que así obtendrían la libertad de su hija. Los delincuentes les informaron que este dinero era solo una “multa”, y que se mantenían firmes en la exigencia original.

Las cuatro reuniones

Según investigaciones posteriores del caso, para definir el destino de la joven, se dieron cuatro reuniones clave, de las que participaron integrantes del ala extremista del partido Patria Libre, los autores del secuestro.

La primera reunión se realizó el 15 de agosto de 2004. En ese momento, recién se planeaba la captura. Se definió que el plan estaba en marcha y se informó que el objetivo era la hija del expresidente de la República.

El 12 de setiembre, casi un mes después de la primera reunión, volvió a juntarse el mismo grupo de personas. Nueve días después, se concretó el secuestro.

La tercera reunión se dio el 13 de noviembre, ya con Cecilia en poder del grupo. En ese momento, se habló sobre el rescate. Se definió que la suma exigida sería de US$ 5 millones, con un límite de negociación de hasta US$ 3 millones.

En esa misma reunión, se recordó el caso de María Edith Bordón de Debernardi, y se mencionó que Juan Arrom y Anuncio Martí se habían quedado con parte del rescate. En ese momento, según refieren los resultados de la investigación, Osmar Martínez, líder del grupo, prometió que si no se pagaba la suma exigida, matarían a Cecilia Cubas.

El 13 de enero, según declaraciones de testigos, se realizó la reunión de “punto final” en Caaguazú. En esta, el líder del grupo, Osmar Martínez, informó que se otorgaba a la familia un plazo de 24 horas para pagar.

Llamados extorsivos

Mientras los captores definían qué harían con Cecilia, la familia sufría, y trataba de mantener la esperanza de una liberación. En las llamadas, según refirieron después los familiares, eran torturados sicológicamente, cuando los delincuentes les decían que les entregarían “solo una parte” de Cecilia.

Les decían además, según declaró la madre a los jueces, que no debían tener contacto con la Fiscalía, y que cada error les costaría 5% de interés por sobre el monto del rescate. La familia, por su parte, decía insistentemente a los captores que sus bienes estaban embargados por la justicia.

Las pruebas de vida

Tras duros meses sin noticias, llegaron unas pocas encomiendas como pruebas de vida, que se componían de una foto con el periódico, y algunos mensajes. Uno de los escritos de Cecilia divulgados, decía, “Papá, mamá, la espera es desesperante. Confío en ustedes, pero apúrense... tengo mucho miedo”, según refirió Mirtha Gusinky a los jueces del Tribunal de Sentencia en marzo de 2012.

En ese entonces, Gusinky había contado también lo que le dijeron a su cuñado, Carlos Cubas, en la primera llamada que recibieron. “Es para confirmar que es un secuestro. De hoy en más, mando yo. Cecilia está viva. Está con nosotros”, afirmaron los captores, según comentó Mirtha Gusinky.

El 13 de enero, siempre según las declaraciones de la madre de Cecilia Cubas, el fiscal General del Estado se comunicó con ella. Le dijo que, según datos a los que habían accedido, los delincuentes se reunirían pronto. El 14 de enero, a través de la prensa, la familia comunicó a los secuestradores que tenían el dinero, y que liberaran a Cecilia.

El terrible hallazgo

Pero, para los captores, el tiempo se había agotado. El 16 de febrero de 2005, el fiscal Latorre volvió a ponerse en contacto con Mirtha Gusinky para decirle que ese día se realizaría un allanamiento en una vivienda de Ñemby, con la fiscala Sandra Quiñónez y agentes del Departamento Antisecuestro. Fue en ese lugar donde se encontraron con el trágico final que le rompió el corazón no solo a la familia Cubas Gusinky, sino a los paraguayos que se habían conmovido con el caso.

Una cantidad de personas, además de medios de comunicación, aguardaron por horas que los agentes buscaran en la vivienda, hasta que, por la tarde, salió a luz la cruel realidad que nadie quería ver. Bajo tierra, en una especie de fosa, se encontró el cuerpo de Cecilia Cubas. Según dijeron después los técnicos forenses, llevaba muerta aproximadamente 60 días.

Sedada y enterrada

Según especialistas que examinaron el cuerpo tras el hallazgo, la mujer había sido enterrada viva y se la había cubierto con cal, para contrarrestar los olores. Además, hay sospechas de que durante ese tiempo, la secuestrada habría sido abusada sexualmente por los captores. Según un informe que emitió el médico forense Pablo Lemir luego del hallazgo, la secuestrada fue sedada con una tableta (10 pastillas) de Disomnilan de 6 miligramos antes de ser vendada e introducida a la fosa.

“Tenía cinta de embalaje cubriéndole los orificios nasales. Su cara era esquelética. Le juré que mientras tenga vida iba a luchar por la justicia. Son monstruos para decidir la muerte de una persona como si fuera prender y apagar la luz”, fue una de las estremecedoras declaraciones textuales que dio Gusinky al Tribunal de Sentencia, a principios de 2012.

Si bien el cuerpo de la secuestrada estaba en un estado esquelético, la madre pudo reconocer al instante a su hija, a través de la ropa y de una prótesis dental, una cirugía mamaria y un tatuaje que la joven tenía.

Hasta la fecha, los jueces no logran comprender por qué motivos los captores decidieron el asesinato en lugar de continuar exigiendo el rescate. Sobre todo teniendo en cuenta que, en secuestros anteriores, las negociaciones fueron mucho más largas.

Los condenados

A mediados del año 2012, siete años después del crimen, siete acusados por el secuestro de la joven fueron condenados por el Tribunal de Sentencia a 25 años de prisión, más 10 como medida preventiva, la máxima pena que impone el Código Penal.

Los condenados son: Arístides Vera, Roque Rodríguez, Basiliano Cardozo, Agustín Acosta, Gustavo Lezcano, Carlos Espínola y Simeón Bordón, quienes fueron declarados culpables de secuestro, homicidio doloso y asociación criminal, en calidad de coautores.

El Tribunal compuesto por Leticia de Gásperi, Óscar Rodríguez y Liza Battilana encontró numerosos nexos entre los acusados y el crimen.

Según afirmaron los fiscales de la Unidad Antisecuestro en ese momento, a uno de los condenados, Carlos Espínola, se le probó tener directa participación en el plagio, pues existe un video en el cual aparece participando de un simulacro. Su “misión”, durante el plagio, habría sido la de conducir el móvil en el que trasladaron a la joven hasta su lugar de cautiverio.

En cuanto a los demás condenados, según declaró la fiscal Sandra Quiñónez a ABC Color, estos formaron parte del “equipo decisor”, que se reunió en Caaguazú en enero de 2005, para definir la muerte de Cecilia Cubas.

La fiscal recordó además los nombres de quienes siguen prófugos por el secuestro y asesinato de Cubas. “Osvaldo Villalba, Manuel Cristaldo Mieres, Magna Meza, Isaac Burgos, Lorenzo González, Alcides Mereles, Blas Franco, Ángel Vera”, mencionó Quiñónez.

Colombianos implicados

Además, la fiscal añadió los nombres de los colombianos integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Orlay Jurado Palomino, (alias Hermes, o Santiago, o Martín Valverde) y Rodrigo Granda, quienes tienen orden de captura en nuestro país por haber “asesorado y dirigido” al grupo que realizó el secuestro y homicidio de Cecilia. Además, se habla de que Jurado Palomino habría ordenado el cruel final que se le dio a Cecilia Cubas antes de salir del país. Por otra parte, según refiere la Fiscalía, recibió un porcentaje de dinero por el operativo.

Difícilmente la memoria colectiva podrá olvidar este secuestro, que sacudió al país más que nada por el ensañamiento con que los involucrados segaron la vida de Cubas. Lastimosamente, no fue el último caso, y aún hoy, familias paraguayas continúan siendo desmembradas y lastimadas con esta práctica.

El flagelo continúa

Edelio Morínigo y Abrahán Fehr son las dos víctimas que a la fecha se encuentran en manos del mismo grupo criminal que asesinó a Cecilia. Los días pasan y las posibilidades, aunque duela, disminuyen, pero la esperanza es la única llama que se mantiene inagotable. Al menos, aún nos está permitido creer en que más pronto que tarde, estos compatriotas regresarán a sus hogares.

  • ¿Querés recibir las noticias nacionales e internacionales más importantes?
    Enviá ABC al 22292 desde tu Tigo, Personal o Vox.
 
 

ABC COLOR EN FACEBOOK

 
 
 

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

  • UNA DEMOCRACIA CARA...MUY CARA. Muchas vidas se inmolaron en manos de este grupo terrorista EPP, aún recuerdo a Luis Lindstrom, a Cecilia. ¿Y los peones de estancias asesinados? ¿Y los policías asesinados? Los casos de Fidel Zavala, del joven Arlan, que gracias a Dios fueron liberados, la angustia de Edelio y sus familiares, del menonita Abrahán Fehr; enfín, hay un montón de datos relacionados con los secuestros. Es lamentable que nuestras autoridades (especialmente policías y militares) sean tan incapaces de atrapar a los responsables de estas atrocidades, muchos incluso sostienen que los terroristas del EPP gozan de la protección de políticos afines al comunismo, izquierdistas. Ya fueron publicados las relaciones del entonces Obispo Lugo con los militantes del EPP, sus reuniones con los asesinos de Cecilia fueron evidenciados; y el Ministerio Público no hace nada. El judío-sionista Humberto Rubín dijo en una opòrtunidad en su radio Ñandutí que "..el precio de la democracia hay que pagarla", francamente creo que nuestra democracia se está cobrando valores muy altos sin merecerlo. Lo más grave es que los mismos personajes del entorno de Lugo están en el poder, son senadores y diputados; los mismos cabecillas y protectores de Juan Arrom y Anuncio Martí, de Magna Meza, de Manuel Cristaldo Mieres, son los mismos que defienden el comunismo y pretenden darnos lecciones de moral. El precio de nuestra democracia es muy caro, y parece que continuaremos pagando.

    naranjamecanica 20 Febrero 2016, 17:42:46 

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo