
«Profesión: músico; color: trigueño; estatura: 1.70 m; edad: 46 años; cabello: castaño cano; ojos: pardos; nariz: recta; barba: afeitada; cara: ovalada; etc.». De esta manera lo registraba en una de sus miles de fichas la brigada externa del Departamento de Investigaciones para las actividades antidemocráticas (DIPA), órgano represor de la Policía Federal Argentina, al finalizar un procedimiento en el Gran Buenos Aires. El 22 de mayo de 1962 fueron detenidos Carlos Garcete, Ramón Maciel, Carlos Lara Bareiro, Severo Rodas y otros destacados intelectuales y artistas paraguayos a los que les son incautados material de propaganda comunista y papeles relacionados con el movimiento de resistencia paraguayo.
La cita era en un rincón de la Chopería Roma, uno de los pocos sitios de Asunción en los que se podía conspirar en la década de los 80, aun sabiendo que casi todo lo que se hablaba en ese sitio se filtraba “en las alturas” de alguna manera, ya fuera por el aparentemente distraído mozo pyrague o por los numerosos espías que acudían disfrazados de parroquianos.