Seguramente, esta semana muchos titulares estarán ocupados por la noticia (¿sigue siendo noticia?) del Golpe de la Candelaria de hace 37 años. Memoriosos recordarán y darán sus puntos de vista sobre el fin de una de las dictaduras más largas de América y algunos incluso se referirán a ella como el nacimiento de la democracia paraguaya. En este punto, conviene analizar el episodio con menos épica y más criterio ciudadano.
Las leyes del seguro social europeo, especialmente españolas, que sirvieron de modelo a la versión paraguaya -léase IPS- vigente desde 1950, funcionaron al inicio en forma bastante eficaz: un sistema solidario donde trabajadores y empleadores aportan determinado porcentaje para garantizar salud y jubilación. Así lo expresa su Ley orgánica, donde está definida como una institución autónoma, técnica, profesional. Sus bienes patrimoniales -por lo menos los inmuebles- no pueden enajenarse. Hasta ahí, se hicieron muy bien las cosas.
Tuvieron que pasar más de dos décadas. Fueron 26 años de idas y vueltas, borradores interminables y múltiples desencuentros, para llegar -por fin- a la firma del tratado entre la Unión Europea y el Mercosur. Un anhelo largamente acariciado por la política internacional, que ahora hay que trabajar alineando urgencias e intereses para convertirlos en resultados tangibles.
El verano llega con todo, y con él ese fenómeno ya casi automático que se repite año tras año. Apenas sube la temperatura, miles de paraguayos miran el calendario y coordinan actividades laborales/vacaciones/otros, hacen un mantenimiento del auto y enfilan rumbo al este. Un ciclo que se repite: La cita impostergable con el mar que, aunque lejos de nuestras fronteras, nos espera con paciencia y recibe con cariño.
El pasado sábado, desde bien temprano, una seguidilla de noticias sacudió a gran parte del mundo. En una maniobra militar espectacular, fuerzas norteamericanas capturan a Nicolás Maduro -literalmente- en su cama y lo transportan en cuestión de horas hacia los Estados Unidos, a buen resguardo.
Una excelente noticia que recibimos la semana pasada, fue el anuncio oficial de la obtención del segundo grado de inversión para Paraguay. Un reconocimiento así no es un hecho menor, y nos ubica en una liga distinta de las que acostumbramos a jugar. Así que está muy bien celebrarlo, como también es importante entender cómo llegamos allí y qué implica.
Nuevamente, se busca imponer una figura como candidato a la intendencia sin que sepamos muy bien de dónde salió ni por qué merece administrar Asunción. Los nombres empezaron a picar hace poco como probando el ambiente, marionetas manejadas con picardía por el titiritero movimiento oficialista del partido de gobierno. Y uno, como ciudadano asunceno ya se siente cansado… esta película ya la pasaron demasiadas veces.
La semana pasada salió humo blanco de la chimenea oficialista colorada, e inmediatamente anunciaron con bombos y platillos (así se dice, vaya a saber uno por qué) la candidatura de Camilo Pérez para competir en las Municipales de Asunción. Antes, claro, deberá sortear las internas partidarias, para después pulsearse en las generales. El operativo arrancó temprano y con todo el respaldo de la estructura.
