El puerto espacial europeo de Kurú, una apuesta por la sostenibilidad

Kurú (Guayana Francesa), 11 jul (EFE).- Un oso perezoso sentado a unos metros de un cohete, gracias a las medidas de conservación de la fauna, o el reciclado de miles de litros de agua usados en el despegue del nuevo Ariane 6. La sostenibilidad está cada vez más presente en el puerto espacial europeo de Kurú.

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Así lo indica la responsable de Infraestructuras en la dirección de Transporte Espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA), Luce Fabreguettes, quien habla con Efe de esta instalación, que ocupa unos 650 kilómetros cuadrados, en su mayor parte cubiertos por la robusta vegetación que define a la Guayana Francesa.

De hecho, precisa, solo un 10 % de esa extensión ha sido transformada para los lanzamientos y el resto de la actividad espacial.

La primera preocupación en el puerto espacial guayanés fue, hace ya décadas, la conservación de la biodiversidad, su flora y fauna, que es seguida con cámaras, en un territorio donde está prohibida la caza y la pesca.

Aquí hay aún algunos jaguares, indica Fabreguettes, quien recuerda cómo un oso perezoso alcanzó notoriedad al ser pillado por una cámara mientras se veía a su espalda el cohete que unos días después pondría en órbita la misión Juice, para estudiar Júpiter y sus lunas heladas.

La imagen apareció en uno de los vídeos explicativos que acompañaban a la retransmisión en directo de la ESA para el despegue de Juice, en un Ariane 5.

Desde el pasado martes ese lanzador ha sido sustituido por Ariane 6, que despegó en su vuelo inaugural desde una rampa de lanzamiento construida para limitar la huella de carbono y proteger los recursos naturales.

Antes se hicieron estudios de riesgo para estar seguros de que no se corría el riesgo de perturbar a ninguna familia de animales que pudiera tener por allí su domicilio, indica la experta, algo que se realiza de forma sistemática para cada nuevo edificio.

En el vuelo inaugural de Ariane 6 se aplicó, además, por primera vez la recuperación, para su uso en el siguiente lanzamiento, del agua del llamado sistema de diluvio, destaca Fabreguettes.

Durante el lanzamiento de un cohete se pulverizan grandes volúmenes de agua en la plataforma para proteger tanto al vehículo como su carga, pues absorbe y desvía la gran energía acústica generada en el despegue.

Las ondas de choque se crean cuando los gases de escape de los motores superan la velocidad del sonido y chocan con el aire ambiente lo que hace que los niveles de ruido alcancen los 180 decibelios.

Desde 20 segundos antes y hasta el momento del despegue de Ariane 6 se inundaron diversas zonas de la plataforma, lo que servía también para enfriar y proteger las instalaciones en tierra.

Reducir la huella de carbono de los despegues y las operaciones en tierra es el objetivo del proyecto Iguana destinado a producir hidrógeno, uno de los componentes del combustible de los cohetes, de forma local y menos contaminante.

Hasta ahora el hidrógeno se logra por un proceso que consiste en romper una molécula de metanol, un compuesto químico que se hace llegar a Kurú por barco desde Trinidad y Tobago.

Con el proyecto Iguana, el hidrógeno se logrará usando, de forma local, la electrólisis solar del agua, que dividirá por cinco la cantidad total de dióxido de carbono emitido.

Cuando la fábrica esté en marcha, hacia 2027, permitirá, en una primera fase, cubrir entre el 10 y 15 % de las necesidades de Ariane 6, para ir aumentando paulatinamente.

También con Ariane 6 se ha usado el primer carguero híbrido propulsado parcialmente por energía eólica, Canopèe, que transportó los diversos componentes del lanzador, construidos en Europa, hasta el puerto espacial para ser allí ensamblados.

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