La Serie A ha regresado por todo lo alto, y lo ha hecho con un Inter de Milán en absoluto modo rodillo frente a un recién ascendido Monza que pagó caro la ambición del vigente campeón. Con un contundente 4-1 en el emblemático Giuseppe Meazza, el conjunto ‘neroazzurro’ lanzó un aviso a navegantes: arrebatarle el título a este equipo costará una gota de sudor infinita.
San Siro celebra al ritmo de Calhanoglu y un desatado Pio Esposito
El derbi lombardo que abrió la temporada no tardó en decantarse. Apenas transcurrían menos de seis minutos cuando el Inter abrió la lata. Con un Pio Esposito encendido y la grada celebrando todavía el campeonato conseguido hace tres meses, el joven delantero —ya una completa realidad de la Azzurra— generó el espacio perfecto para que el turco Hakan Calhanoglu sacara un zapatazo lejano e impecable, previo pase de Andy Diouf, inaugurando el marcador.
Pese al golpe inicial, el Monza demostró por qué ha regresado a la máxima categoría. En el minuto 28, el portugués Gustavo Varela aprovechó un bajón de intensidad local para anotar el empate parcial y silenciar de forma momentánea a la afición interista, dando respiro al técnico croata Ivan Juric en su intento por relanzar su carrera tras sus pasos por Roma, Southampton y Atalanta.
Exhibición absoluta en la segunda mitad
La charla de Cristian Chivu en el descanso tuvo un efecto revulsivo inmediato. Los vigentes campeones saltaron al césped con el acelerador a fondo y, en el minuto 48, volvieron a adelantarse gracias a un error clamoroso del guardameta Semuel Pizzignacco en la salida de balón.
A partir de ahí, el partido se convirtió en un monólogo interista liderado por un estelar Pio Esposito. El delantero firmó el 3-1 con un gesto técnico de auténtica categoría, definiendo con un disparo de tacón ante la salida del portero. Todo ello mientras un Lautaro Martínez, situado en la órbita del Barcelona, firmaba un estreno más discreto pero bien arropado por el bloque.
Para redondear la fiesta, el alemán Yann Bisseck apareció en el minuto 63 para anotar el cuarto tanto, permitiendo a los locales dormir la pelota y disfrutar a placer hasta el pitido final. Con esta exhibición, el Inter de Chivu manda un mensaje claro a sus aspirantes: el rey de Italia ha vuelto con hambre de más.
