25/7/1963 +28/1/1980 Tan grande puede ser el dolor, hermano mío, a tantos años de tu ausencia, y el recuerdo tan vivo que no permite olvido alguno. Ahora que mamá no está, la orfandad es total. Espero que Dios Misericordioso te haya reunido con ella para mitigar su gran dolor. Te dedico hoy lo que nuestra mamita te escribió a un año de tu partida: ''Querido hijo: Como todos los días, aquella madrugada del 28 de enero del año pasado, saliste para cumplir con tus obligaciones de Cimeforista responsable y disciplinado. Solo que esta vez no volverías más. Salías en compañía de tu amigo y camarada Óscar Burg, no hacia la seguridad de tu unidad, sino para partir con otros dos compañeros más, acompañando a tu jefe, por orden de él, en aquel fatídico viaje de ida y vuelta a la capital y en el que vuestro conductor y el responsable de vuestras vidas os condujo a la muerte en aquella alocada carrera llena de imprudencia y temeridad. Fue un golpe inesperado y brutal, demasiado, demasiado fuerte para los dos hogares que perdieron así de golpe y en forma tan absurda y cruel a sus únicos hijos varones, en lo mejor de sus vidas. Y, desde entonces, hijo querido, he buscado desesperadamente alguna explicación a tanto dolor y a tanta angustia sin remedio. Me han dicho tantas cosas. Me han dicho, por ejemplo, que nadie escapa a su destino. Lastimosamente, Carlos Rubén, en el caso de tu muerte y de la de Óscar, hasta hoy no he podido echarle la culpa al destino. Yo no creo en el destino cuando hay tanta irresponsabilidad y tanta culpa de por medio. Yo creo, porque así me lo han enseñado, que uno de los más grandes dones que Dios obsequió al hombre es la libertad y que justamente por esa libertad de obrar, somos responsables del bien o del mal que hacemos. Desgraciadamente, en algunas personas, esa libertad es mal usada y el sentido de responsabilidad no existe. Me han dicho muchas cosas más. Hermosas palabras de personas piadosas que han tratado de mitigar nuestro dolor y a quienes debemos eterna gratitud. Pero a pesar de todo, lo único cierto, verdadero y palpable que vivimos todos los días, es la angustia insoportable de tu ausencia, el dolor de saber que tu presencia, alegre y joven, llena de amor a la vida, falta en nuestra casa desde aquel día para siempre: que te extrañamos desesperadamente todos los que te hemos querido tanto; que te busco en cada rostro joven que encuentro en mi camino aunque sé que jamás podrá ser el tuyo a ver si en alguno de ellos encuentro tan siquiera la mirada recta y noble de tus enormes ojos marrones o la sonrisa pícara y traviesa de tu rostro de muchacho bueno. Sé que nos querías mucho. Sé que tu vida breve fue luminosa y feliz. Sé que la muerte te encontró ya maduro como una espiga temprana, rica en cosechas de oro. Sé que la sencillez y la transparencia aureolaban todas tus acciones en las que te prodigabas enteramente todo. Sé todo eso; pero... nos haces tanta falta. Alguien me escribió estas palabras: 'Solo el que ha sufrido por amor experimenta la mortalidad de la muerte. El que no ama absolutamente nada en serio, tampoco sufre'. Tal vez por eso te lloramos tanto. TU MAMÁ. Villarrica, 28 de enero de 1981''.