La lucha por el poder y la independencia del diminuto “principado” italiano de Seborga

SEBORGA. En el autoproclamado principado de Seborga, un pueblo medieval de 300 habitantes del norte de Italia, el ferviente deseo de independencia convive con leyendas e intrigas dignas de la famosa serie “Juego de Tronos”.

Una vista general de la villa de Seborga, en la región de Liguria.
Una vista general de la villa de Seborga, en la región de Liguria.MARCO BERTORELLO

“Creo que todas las niñas sueñan con ser princesas y esto es como un cuento de hadas”, confesaba a la AFP antes de la pandemia Nina Menegatto, elegida en noviembre “princesa” de Seborga. Esta empresaria alemana de 41 años y profundos ojos azules, fue consejera de la corona durante los nueve años en los que su exesposo Marcello fue “príncipe” de Seborga.

Después de su abdicación el año pasado, se presentó como candidata a su sucesión y ganó las elecciones frente a otra candidata. Su coronación, prevista en mayo, fue aplazada debido al confinamiento y ha sido programada para el 20 de agosto.

Dos "Luigino", la moneda oficial del principado vistos sobre una copia del pasaporte local.

Seborga, donde, según la tradición, los templarios escondieron el Santo Grial, se autoproclamó principado independiente hace más de 50 años y reclama a la región italiana de Liguria la soberanía de su territorio de 8 kilómetros cuadrados, basándose en documentos del siglo XVIII, que demostrarían que nunca se ha integrado legalmente en Italia.

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Entre Bordighera y San Remo, ya en la frontera con Francia, Seborga espera que su lucha por la autonomía fomente el turismo y atraiga a nuevos habitantes para evitar el abandono que sufren numerosas localidades italianas. La “princesa” Nina tiene grandes aspiraciones: quiere acuñar una moneda local, el llamado “luigino” , y construir un hotel de lujo en una colina vecina que ofrece una vista de cuatro “países”: Francia, Mónaco, Italia y naturalmente el “Principado de Seborga” .

También planea realizar un teleférico para unir el pueblo con la costa. Seborga no es la única micronación que no ha sido reconocida en el mundo. También figuran el “Principado del río Hutt”, en Australia Occidental y la “République du Saugeais” en el este de Francia, las cuales acuñan monedas e izan sus propias banderas. Los habitantes de Seborga sostienen que existen bases históricas para su independencia.

Rey de la mimosa

Una mujer camina en la Piazza della Liberta en Seborga.
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En 954, el pueblo se convirtió en propiedad de los monjes benedictinos y sus habitantes dicen que en el año 1079, su abad se convirtió en el príncipe del Sacro Imperio Romano. La poderosa dinastía real de Saboya lo compró en 1697, pero la transacción nunca se registró oficialmente en todo caso el acta original nunca se encontró. Por eso los habitantes consideran que de hecho el principado quedó excluido de la unificación de Italia en 1861 y de la formación de la República Italiana en 1946.

¿Se puede considerar entonces a este pueblo poblado en su mayoría por jubilados y que solo tiene una calle principal un Estado independiente? Matthew Vester, profesor de historia de la Universidad Americana de West Virginia, afirma que no. Hay “documentos que demuestran que los agentes del rey de Cerdeña tomaron posesión de Seborga en 1729, con el consentimiento y el apoyo de los habitantes” , afirma Vester.

Contactado por AFP, el ministerio de Relaciones Exteriores italiano no quiso pronunciarse sobre el tema. Para Paolo Calcagno, profesor asociado de historia de la Universidad de Génova, la idea está basada en un mito, porque los abades que gobernaron Seborga “no eran príncipes” y el título nunca aparece en los documentos medievales, explicó a la AFP . Eso no impidió que un cultivador de mimosas, Giorgio Carbone, se proclamara en los años sesenta “Príncipe de Seborga”.

Constitución, himno y ejército

Giorgio Carbone escribió una Constitución, creó un himno, un escudo de armas e incluso un lema “Sub umbra sede” (Sentarse a la sombra) , recuerda Gustavo Ottolenghi, un jubilado local de 88 años. El “príncipe” Giorgio llegó a formar un “ejército” , que hoy cuenta con un solo hombre, Secondo Messali, de 64 años, quien también fue ministro del Interior, Finanzas y primer ministro.

En el bar del pueblo, los residentes explican que Nina Menegatto, su “princesa”, ganó las elecciones (por 122 votos contra 69) , porque tenía un ambicioso programa destinado a promover el turismo en una región que vive principalmente de la agricultura y la industria floral. Su desafortunada rival, la hija de Giorgio Carbone, espera que logre concretar su programa. “Mi padre dio todo por Seborga y yo habría hecho lo mismo”, dice Laura Di Bisceglie, que dirige la tienda de recuerdos en cuya fachada ondea la bandera con rayas azules y blancas de Seborga. Carbone murió en el 2009 y en el 2010 fue elegido Marcello, ya que se accedió al título por votación.

Un centinela del "Corpo delle Guardie di Seborga".

Independencia y pandemia

Los habitantes han sufrido muchos desafíos, hasta un intento de golpe de Estado. En el 2016 un ciudadano francés, Nicolas Mutte, que se presentaba como Nicolás I declaró ser el verdadero príncipe de Seborga y en un vídeo prometió luchar para lograr finalmente la independencia. Este hombre, objeto de una investigación por fraude en Francia, quiso que su título de príncipe fuera reconocido en el extranjero, comenzando por Brasil, país, que según él, le habría dado este reconocimiento. El ministerio de Relaciones Exteriores en Brasilia, contactado por la AFP , negó esta información.

Diez años antes, en 2006, una mujer, que se hacía llamar la princesa Yasmine von Hohenstaufen Anjou Plantagenet, no sólo se declaró la legítima soberana, sino que propuso devolver el principado al Estado italiano. Si en los meses fríos de invierno los excursionistas franceses que surcan los callejones tranquilos de la aldea son pocos, en los meses de verano la población suele aumentar a 2.000 personas y autobuses cargados de turistas llegan para conocer el lugar y realizar paseos de un día.

Pero con la pandemia de coronavirus todo ha cambiado y relanzar la vida y las aspiraciones del autoproclamado principado será un verdadero desafío. En medio de estas intrigas, hay una persona decidida a hacer prevalecer la justicia y el orden en la aldea: el alcalde Enrico Ilariuzzi, quien asegura que mantiene contacto permanente con la policía italiana. “Los falsos príncipes o los delincuentes no son bienvenidos en Seborga”, advierte.

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