En Paraguay pesa mucho la historia. De hecho que es lo más lógico luego de haber peleado una guerra en solitario contra otros tres países vecinos y quedar en completa ruina, tanto política, como económica, cultural y social. Es que un alto porcentaje de la población civil pereció en un intento digno de resistencia.
Ya mucho se habló y mencionó que este 2026 será un año político, posiblemente se darán quiebres de grandes bloques, y abroquelamiento de otros que buscan hacerse o continuar en el poder. En medio de todo lo que vendrá, considero que es muy importante tener en cuenta algunos conceptos que causan daño a las instituciones y a la democracia, como lo es la acumulación del poder en manos de pocos.
La prisa es lo que caracteriza a este mes en que despedimos el año. Cada una de las personas tiene un sinfín de actividades y todas son urgentes, aunque no todas importantes. El efecto fin de año es como el sol de diciembre, es ebullición, gritos y bocinas ensordecedoras en el tránsito, es correr a todos lados.
Total indignación causa ver cómo “desplumaron” a personas humildes que de la noche a la mañana se encontraron pagando deudas que no contrajeron, a causa de pagarés que no firmaron o que ya abonaron. La duda que nos invade a casi todos es que se pueda llegar hasta los verdaderos responsables, a los criminales de guantes blancos.
En medio de los peores escenarios siempre están los que defienden lo indefendible, los que justifican las malas acciones, los que minimizan las cosas que “todos hacen” y no suelen ser pocos. Puede ser una cuestión de duda real o de mala fe, pero siempre están los que se dedican a sembrar la duda.
El asesinato del teniente coronel Guillermo Moral deja una vez más en evidencia que ser honesto o denunciar la corrupción, tiene graves consecuencias que hasta cuestan la vida. Los casos de sicariato que veíamos hace unos años en las lejanas ciudades de las fronteras, hoy son la nueva realidad de la capital.
