Durante años, el déficit del 1,5% fue presentado como señal de disciplina fiscal. Pero ese número no reflejaba toda la realidad: parte de las deudas se fue postergando fuera de las cuentas oficiales. Hoy, con pagos anunciados, uso de factoring y presiones sobre el presupuesto, esa deuda empieza a hacerse visible —y el costo llega a la economía y a la gente.

El crecimiento de la economía americana parece robusto, pero no puede decirse lo mismo del resto del mundo. Los altos niveles de deuda asiática impiden una recuperación sólida; Europa se estanca y la demanda global sigue siendo inadecuada. No se vislumbra al país que actuará como la locomotora económica. La FED teme que la presión aumente y tenga que subir drásticamente sus tasas, arriesgando un error de política económica.