La historia de la humanidad nos da cuenta que desde el origen de los tiempos que conocemos, ejercer un cargo, para su selección, desde el brujo de la tribu, pasando por el cargo de cacique hasta llegar hasta hace poco, hasta nuestros días, requería que quien aspire al cargo debe contar con una imagen pública de honestidad, austeridad y saber, que haga merecer acceder al sitial de poder por parte del candidato aspirante.
Promulgada la Constitución del 92, ya han pasado varios procesos de selección a miembro de la Corte Suprema de Justicia, el más alto cargo en el Poder Judicial de la República, casi se diría, más importante que el mismo Presidente de la República, y muy “despacito” dicho proceso ha ido transparentándose, de manera que la ciudadanía pueda conocer más de cerca a los candidatos y sus virtudes, pues los medios de información dan cuenta de ello además de lo que publica el propio organismo de selección, el Consejo de la Magistratura.
“Porque el acceso a la justicia en todas sus modalidades y a la asesoría legal son esenciales para las sociedades democráticas… Porque la falta de ellas socava la confianza del público en las instituciones gubernamentales, en nuestra justicia y en el Estado de derecho… Y porque quienes ejercen la profesión legal deben ser conscientes de su rol privilegiado y posicionamiento único en materia de acceso a la justicia…”.