Cachafacería parlamentaria

En estas tres décadas de vida democrática del país, ninguno de los tres poderes del Estado ha podido satisfacer la expectativa ciudadana. Pero el que ha demostrado una absoluta falta de seriedad institucional es el Poder Legislativo, conformado –en su mayoría– por verdaderos cachafaces de la política criolla, salvo honrosas excepciones.

A este poder de Estado se le puede achacar muchísimas cosas, nada tiene a su favor, pero hoy quisiera centrarme en un solo tema, por la importancia estratégica que tiene en momentos para país, que debe prepararse bien para llegar al 2023 en condiciones aceptables para un acontecimiento de vital importancia, como la revisión del Anexo C del Tratado de Itaipú, o la renegociación de todo el Tratado.

Hace poco más de una semana entrevisté a la nueva consejera paraguaya de Itaipú Binacional, Dra. María Antonia Gwynn, especialista en derecho internacional público, quien hizo un importante trabajo de investigación, justamente, sobre el Tratado y su posible renegociación.

Uno de sus aportes principales es que nuestro país podría apelar a una codificación de las Naciones Unidas, vigente desde 1997, relativa al “Derecho sobre el uso de cursos de agua para fines distintos a la navegación”.

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De acuerdo con la experta compatriota, preparada en prestigiosas universidades de Europa y Estados Unidos, esta codificación podría ser usada en la modificación de varios artículos inconvenientes del Tratado de Itaipú como por ejemplo el Art. XIII, que restringe la venta de la energía a terceras partes o mercados.

Dijo que esta legislación multilateral también posee una cláusula sobre solución de controversias. con la ayuda de un tercero imparcial, cuando hay una posición asimétrica como la que existe frente a Brasil, que puede terminar en negociaciones a veces riesgosas. La tesis de Gwynn sería un aporte valiosísimo para encarar el tremendo desafío.

Yo no tengo dudas del valor que puede tener este instrumento en estos momentos, considerando la falta de ideas que se respira localmente, y el escaso margen de maniobra que siempre tenemos frente a Brasil, que nos impuso en 1973 un tratado leonino que, en realidad, es el resultado de una ocupación militar y de un virtual despojo de nuestro territorio.

Pero, ¡oh sorpresa! A mediados de la semana pasada nos enteramos de que, había sido, en el 2008, si bien el entonces presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, suscribió la Convención y transmitió el proyecto de ley al Congreso nacional para su ratificación, la Cámara de Senadores lo rechazó ese mismo año.

En aquel momento, la Cámara Alta era presidida por el senador liberal Miguel Abdón Saguier y, según los antecedentes, el Senado consideró que dicho documento “no era conveniente” para los intereses del Paraguay; y he aquí la usual cachafacería parlamentaria.

Estoy seguro de que los liberales simplemente le quisieron “cagar” al titular de turno del Poder Ejecutivo de entonces, porque no era “correlí”, pero dejando de paso un legado negativo terrible. Esto además demuestra dos cosas: la condenable mezquindad política (siempre fue así) y que a los politiqueros les tiene sin cuidado el interés nacional y la gente, que en su mayoría no está afiliada a partido político alguno.

Pero estos indeseables siguen así hasta hoy, gracias a la apatía de la propia ciudadanía, que curiosamente les sigue premiando por nada. Recuerdo que durante el Gobierno de Fernando Lugo tuvimos una interesante experiencia con el denominado “After Office”, que eran manifestaciones de protestas ciudadanas en contra de los parlamentarios, que se realizaban a última hora del día.

Tanta fue la fuerza que tuvo esta movilización, convocada vía Facebook, que en una ocasión los senadores casi se quedaron a dormir en sus curules en el Congreso, porque los manifestantes no les iba a dejar salir, no recuerdo específicamente cuál fue el motivo, pero fue “épico”. Yo creo que la gente tiene que volver a ese tipo de presiones sobre el Poder Legislativo, cuyo rol y responsabilidad es tanto o más importante que los demás poderes del Estado.

Hoy estamos contra reloj, y ojalá que el presidente de la República y los integrantes de ambas cámaras del Congreso nacional se despierten y puedan “desempolvar” aquel proyecto de ley, y que en pocos meses tengamos ratificada la codificación de la Organización de las Naciones Unidas.

No podemos seguir dándonos el lujo de dilapidar el tiempo y ningún elemento que pueda servirnos en el cometido de llevar adelante con cierta solvencia y autoridad la revisión del Anexo C, o la renegociación de todo el cuerpo del Tratado de Itaipú.

jfleitas@abc.com.py

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