Cuando papi y mami no nos entienden

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Las discusiones por el tiempo que pasamos frente a la compu o la hora de llegada luego de una farra son dilemas cotidianos en la casa, y para muchos jóvenes estas son las peleas más comunes con nuestros papás. Es casi seguro que más de una vez sentiste que para las responsabilidades te tratan como adulto y, para salir por ahí, como niño.

Por Sandra Villalba (18 años)

En la adolescencia buscamos nuestra identidad propia y, sobre todo, expresarnos libremente; por eso un día te entran ganas de hacerte perforaciones y, al otro, usar zapatos deportivos con tu vestido para lucir en onda o encerrarte en tu habitación a escuchar música a todo volumen. Sin embargo, pareciera que este tipo de comportamientos son casi incomprensibles para nuestros papas. Quizás más de una vez tu mamá te regañó porque un día se te antojó vestir toda de negro o salir de tu casa con lo primero que encontraste en el ropero y “ni ahí estás” por lo que te ponés porque, según ella, en su época los chicos “andaban más arreglados” y le es difícil comprender tu actitud.

Queremos quedarnos hasta tarde frente a la compu, salir con los amigos sin límite de horario… en fin, ser más libres e independientes, pero en la mayoría de las ocasiones estos deseos nos llevan a estrellarnos con los de nuestros papás, que, por el contrario, solo buscan nuestro bienestar.

Los problemas surgen porque al llegar a la adolescencia muchos jóvenes se niegan a acatar las normas impuestas; sus cambios de humor son constantes, como también por la falta de coherencia de los papás, cuando entran en contradicciones, y hasta a veces por la sobreprotección paterna.

Estas discusiones son muy comunes en la casa e incluso en muchas ocasiones podemos llegar a maltratar a nuestros papás, olvidando que ellos deben soportan nuestros cambios de humor permanentes y el volvernos distantes, además de que, por la experiencia de vida que tienen, solo desean lo mejor para nosotros.

Lo importante es que tengamos una buena comunicación con nuestros papás y expresarles, de la mejor manera posible, cómo nos sentimos para poder llegar a un acuerdo. Si sabemos cómo llegar a ellos, nos entenderán, pues nuestros papás también fueron jóvenes alguna vez y, por supuesto, también comprenden cuándo hay que ceder.