Su principal rival en las urnas, Flávio Bolsonaro, primogénito del expresidente Jair Bolsonaro, no desaprovecha la oportunidad. Cada día de campaña promete rebajas de impuestos y medidas para reducir los “precios estratosféricos” de los alimentos, que dan la sensación de no ser asequibles para un país donde “todo el mundo está endeudado”.
La inflación, de hecho, se encuentra en el 4,44 % interanual, dentro de la meta del Banco Central, y el precio de los alimentos se ha incrementado incluso menos que esa cifra, pero aun así, muchos brasileños sienten que su poder de compra se ha corroído.
Antónia de Soriano, una jubilada, dice a EFE que su situación está “apretada”; le parece todo caro en las tiendas y es poco optimista de cara a los próximos meses.
“La situación ya está mal ahora, pero después de las elecciones los precios van a subir más”, intuye la jubilada.
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Una de las principales causas de que el dinero no alcance es que los brasileños se han endeudado en exceso.
Ocho de cada diez brasileños tienen deudas y casi un tercio de las familias acumula pagos atrasados, según datos de la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo (CNC), la patronal del sector.
El economista Rafael Chaves, coordinador del doctorado de la Escuela Brasileña de Economía y Finanzas de la Fundación Getúlio Vargas, advierte que el endeudamiento presiona el mercado de crédito y esto puede causar un ajuste en cascada: un descenso del consumo, seguido de una caída en la inversión de las empresas y del gasto público.
“Cuando la realidad se impone, el ajuste empeora la percepción de bienestar, de las familias, de las perspectivas de las empresas. Esto se traduce en insatisfacción y puede afectar las elecciones favoreciendo el cambio”, afirma el economista.
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El Gobierno de Lula, apunta, “intentó empujar el problema para el año que viene” cuando lanzó un programa de renegociación de deudas llamado Desenrola, que dio alivio a familias morosas, pero no atacó la raíz del mal.
Con las tasas de interés oficiales al 14 % y las de la tarjeta de crédito en el 400 % anual, no se puede mitigar el sobreendeudamiento familiar sin un ajuste fiscal dirigido a controlar la deuda pública, que ha llegado a un “nivel límite” del 82 % del PIB.
“El ajuste siempre acaba llegando. Es correcto afirmar que cualquier gobierno va a tener que enfrentar eso. La crisis está contratada por las decisiones de los últimos años, porque se elevaron los impuestos, pero los gastos aumentaron aún más”, comenta Chaves.
Y si no se acometen las reformas fiscales, subraya el experto, “el ajuste llegará a través de la inflación”, lo que tendrá un efecto “perverso” para las familias de baja renta.
La situación económica es uno de los factores que han mermado la valoración del Gobierno en las encuestas y que están limitando el potencial de la candidatura de Lula.
La encuesta más reciente, de la reputada firma Datafolha, divulgada el pasado viernes, sitúa a Lula con el 39 % de las intenciones de voto, frente al 32 % de Flávio Bolsonaro.
Hace cuatro años, a estas alturas de la campaña, Lula tenía ocho puntos más, un 47 %, frente al 32 % del entonces presidente Jair Bolsonaro, según datos de la misma encuestadora.
