Cuando fallece un amigo

Desde hace cuatro o cinco años venía comunicándome con Jesús Ruiz Nestosa cada domingo, vía whatsapp, con la remisión de mi comentario periodístico que daba lugar, a su vez, a otro comentario suyo generalmente irónico, siempre lúcido, preocupado por lo que sucedía en nuestro país con la educación, la corrupción, la salud.

Siempre contestaba mis envíos hasta hace cuatro o cinco semanas. Ante mi insistencia por saber de él, me llamó una tarde. Lo sentí muy mal. Luego ya no tuve noticias de él hasta la mañana de ayer. No fue el domingo esperado, el habitual, el intercambio de afecto.

Le conocí personalmente a Jesús hacia finales de los años cincuenta. Trabajaba en “La Tribuna” y llamaba la atención su columna semanal “Crónicas de un terráqueo” por los temas que trataba y el estilo que habría de acompañarle siempre: el humor, la ironía, el sarcasmo a veces. Unos años después, tuvo problema con el director del periódico y lo recibieron con aplausos en el diario “La Mañana” donde estuvo hasta su clausura. En 1967 pasó al diario ABC Color donde se hizo cargo de la sección de Arte y Espectáculos y el suplemento cultural.

Junto con Josefina Plá y Oscar Trinidad, Jesús fue el crítico teatral cuyo juicio se esperaba con interés, con expectativa. Su independencia y conocimiento con frecuencia le llevaban a colisionar con los teatristas que intentaban engañar al público con una supuesta excelencia en los escenarios.

Fue también un eminente fotógrafo. Esta vocación le llevó a realizar estudios en el Rochester Institute of Technology, Estados Unidos, entre los años 1982 y 1983. Realizó numerosas exposiciones en el Paraguay y en el extranjero. Como escritor, publicó “Las musaraña”, “El contador de cuentos”, “Los ensayos”, “Diálogos prohibidos y circulares”, entre otras obras. Colaboró con diversas y prestigiosas revistas como fotógrafo, escritor y periodista. En 1992, el Museo del Arte Contemporáneo de Asunción organizó su muestra retrospectiva. En 1999 publicó su primer y único libro de poesías. En el 2025, en la Casa Bicentenario presentó “El Tormes de Lazarillo.

Se le otorgó muchas y merecidas distinciones. Entre ellas, en 2020, el Centro Cultural de la República El Cabildo, la de Maestro del Arte en Artes Visuales. La otra distinción importante fue el afecto, la admiración, el respeto de sus colegas y público en general.

En el diario ABC Color estuvo desde el primer número, el 8 de agosto de 1967, hasta su jubilación. Poco tiempo después, optó por residir en Salamanca, España, donde seguía de cerca los sucesos nacionales que los comentaba en una columna semanal.

Desconozco si estaba en sus planes regresar al país en algún momento. Nunca hemos hablado de esta posibilidad. En Salamanca se encontraba bien, rodeado de su pasión: los buenos libros, las buenas películas, las ciudades acogedoras, la cercanía relativa de su querido hijo Ignacio que vive en Alemania.

Quienes fuimos sus compañeros de trabajo y amigo personal, nos toma la noticia de su fallecimiento con hondo dolor. Sabemos el ciudadano que pierde el país, con una trayectoria ética ejemplar y una dación total a la literatura y al arte. Sabemos el grado de amistad y generosidad que practicó con sus colegas. Sabemos de su sólida cultura que compartió con todos a través de la prensa, los libros, la fotografía.

Jesús, como muchas otras personas, tenía una imagen engañosa. Un rostro adusto, severo, de quien parece decir siempre “a mí no me importa nada ni nadie”. Pero su cara decía una cosa distinta, trasmitía un equívoco, pretendía ocultar la bondad, la solidaridad, la timidez de una gran persona.

Jesús Ruiz Nestosa, tus amigos y admiradores te recordaremos siempre.

alcibiades@abc.com.py