En la tradición mafiosa siciliana, la omertà no es simplemente el silencio temeroso del delincuente ante la justicia. Los estudios criminológicos clásicos derivados del histórico Maxiproceso de Palermo —el mayor juicio contra Cosa Nostra, instruido por los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1986— la definen como un código de lealtad total: no delatar a los superiores, presentarse como víctima frente a la persecución judicial y gestionar activamente la impunidad de los propios. Ese proceso evidenció también cómo la estructura mafiosa no depende solo de la violencia, sino de la capacidad de infiltrar instituciones y dilatar la acción de la justicia desde adentro.
Ya desde Convergencia planteábamos la Reforma de la Justicia, a través de la Reforma Constitucional, y lo hacíamos en la pretensión real de asumir que no íbamos a eliminar la representación política (no nos dejarían hacerlo), pero, en el afán de equilibrar de alguna manera la injerencia políticopartidaria, propusimos que el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y el Consejo de la Magistratura se fusionen en uno solo, que este último absorba las funciones de aquel, y que la representación de todos los estamentos (jueces, fiscales, defensores y funcionarios judiciales) tenga lugar, dando por sentado que el sector político del Congreso seguiría teniendo representación.
El Paraguay es parte de un sistema universal de protección de los derechos humanos, en el ámbito de las Naciones Unidas, en este caso, son aplicables la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, ambos instrumentos internacionales ratificados por el Paraguay.
