Un privilegiado es alguien con una ventaja exclusiva o especial, de la que goza por la concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. La ecuación perfecta para cualquier privilegiado es tener la posibilidad de autoconcederse esa ventaja exclusiva o especial para, dependiendo de sí mismo, mantener la situación de privilegio durante el tiempo que quiera. Es lo que los diputados volvieron a hacer el jueves pasado, manteniendo su sistema de privilegios, mientras pedían renunciamientos y concesiones a varios sectores de funcionarios.
Quizás por aquello de que los ciclos se abren y cierran, y tal vez por la necesidad tan humana, salvo algún pesimismo existencialista, de aferrarnos a algo en qué creer, cada fin de año nos sorprende con un renovado optimismo sobre las cosas que podrían darse en el nuevo ciclo que comienza en algunos días más.
