
Jurídicamente inviable y políticamente perverso
Uno de los rasgos de las devaluadas democracias del tercer mundo consiste en que, con alarmante frecuencia, los actos de fuerza y de prepotencia cometidos sea por quienes ejercen el poder público, sea por las maquinarias electorales, sea por los aparatos ideológicos que representan los intereses de los poderes fácticos, suelen imponerse e incluso blanquearse merced a la complicidad de los secuaces que copan los cargos de relevancia en la estructura orgánica del Estado.