El castigo se originó tras detectarse eritropoyetina en su sistema cuando militaba a préstamo en el Recoleta FC. Esta sustancia está estrictamente prohibida en el deporte de alto rendimiento, ya que aumenta artificialmente la capacidad de transporte de oxígeno en la sangre. Al mejorar la resistencia física y la recuperación del atleta de forma externa al entrenamiento, el uso de este compuesto se considera una de las infracciones más graves contra el principio de juego limpio y la integridad de la competencia profesional.
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La resolución de la ONAD tiene un alcance global, lo que impide que Gavilán sea parte de cualquier alineación o convocatoria en ligas profesionales bajo la estructura de la FIFA durante cuatro temporadas. Esta prohibición taxativa explica su incursión en el fútbol de salón, una disciplina regida por marcos institucionales distintos. La inhabilitación busca garantizar la igualdad de condiciones entre competidores, eliminando ventajas competitivas que no deriven del talento o la preparación natural del deportista.
Con la mira puesta en agosto de 2028, la carrera de Gavilán en el fútbol de once permanece en suspenso y supeditada al cumplimiento íntegro del castigo. Hasta entonces, su participación con la Federación de Ypacarai representa su único refugio competitivo de alta exigencia. Este movimiento le permite seguir activo en el deporte federado mientras espera que expire el plazo que lo alejó de las canchas de fútbol profesional por el uso de agentes dopantes.
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