La primera mitad del Clásico Blanco y Negro tuvo un solo dueño. En La Huerta, el equipo local justificó plenamente su ventaja tras un inicio donde Libertad asumió el protagonismo absoluto, adueñándose de la posesión y volcando su juego con agresividad por los costados. Por su parte, el Olimpia de Pablo “Vitamina” Sánchez optó por un repliegue estratégico, manteniéndose al acecho para lastimar mediante transiciones rápidas que nunca terminaron de prosperar. Con el correr de los minutos, Libertad obligó a retroceder al elenco franjeado, generando superioridad numérica en cada parcela del campo. El conjunto local logró incluso quebrar la mayor fortaleza de Olimpia: la dinámica en la zona medular, que se vio totalmente superada por el ritmo y la intensidad de los volantes gumarelos.
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Cerca de la media hora de juego, el marcador finalmente se rompió con una genialidad. La acción nació de una recuperación clave de Néstor Giménez, quien persiguió un retroceso excesivo de Adrián Alcaraz; el delantero decano se entretuvo demasiado con el balón en su intento por aguantar la presión en la zona media y terminó perdiéndolo. Con el apoyo de Alexis Fretes y sin perder tiempo, el defensor cedió la réplica para Federico Carrizo. El “Pachi” transportó el esférico unos metros y, al pisar tres cuartos de terreno, sacó un derechazo fulminante que se clavó pegado al poste derecho de Gastón Olveira, quien a pesar de su gran estirada no pudo evitar el primer grito de la noche.
En la recta final del primer tiempo, el Clásico se inclinó a favor de Libertad tras una sucesión de errores en la última línea decana. Todo se originó en un saque largo del portero Rodrigo Morínigo que Gustavo Aguilar peinó en las alturas. Iván Franco no logró controlar el balón, pero su desvío fue suficiente para desatar el caos. El defensor Bryan Bentaberry, en un intento desesperado por despejar, pifió el remate y elevó el esférico hacia su propia área. En medio de la confusión, Alexis Fretes leyó mejor la jugada y fue decidido al choque: el extremo gumarelo se anticipó a una salida tardía de Gastón Olveira, conectando de cabeza para marcar el segundo. La jugada dejó en evidencia la fragilidad defensiva del líder y el error de cálculo del guardameta, quien tras el gol terminó arrollando al hombre de Libertad en su intento fallido por llegar al balón.
Apenas amanecía la etapa complementaria en Tuyucuá cuando Libertad volvió a golpear, hundiendo las esperanzas de remontada de Olimpia. En una demostración de fútbol y efectividad, el Gumarelo encontró el tercer grito de la noche. La jugada nació nuevamente en los pies de la figura, Federico Carrizo. El “Pachi”, recostado por el costado izquierdo, levantó la cabeza y lanzó un centro al corazón del área, que sobrepasó el salto de Bryan Bentaberry y cayó en la posición de Lucas Sanabria, quien con una sutileza propia del pikivóley, Sanabria acomodó el esférico de pecho con total maestría, dejando el balón servido y de cara al gol para Gustavo Aguilar. El delantero conectó el servicio de zurda con potencia, enviando la pelota directamente al techo del arco de un Gastón Olveira que solo pudo quedar estático ante la ejecución.
Antes de llegar a la hora de partido, en una acción que parecía haber pasado desapercibida en primera instancia, el mediocampista de Libertad terminó viendo la tarjeta roja directa, dejando a su equipo con inferioridad numérica para lo que resta del encuentro. La jugada se produjo tras una dura barrida sobre Hugo Sandoval, quien fue derribado de forma temeraria por el volante gumarelo. Tras la alerta de Carlos Figueredo desde el VAR, el juez principal David Ojeda fue llamado al monitor para revisar la intensidad del impacto. Tras observar las repeticiones, Ojeda no dudó: regresó al campo para exhibirle la tarjeta roja al mediocampista, quien debió abandonar el terreno de juego de manera prematura. En ese ínterin vio la tarjeta amarilla Néstor Giménez por protestar la determinación.
A base de empuje y aprovechando la superioridad numérica, el Decano logró sacudir la red y ponerle suspenso al clásico. La acción del descuento se gestó con paciencia de izquierda a derecha, iniciando con una descarga precisa de Eduardo Delmás para la posición de Bernardo Romeo Benítez, este hizo gala de su técnica y lanzó un centro exquisito de “tres dedos” que cruzó toda el área. En el segundo poste, Hugo Sandoval se impuso en las alturas, bajando el esférico con inteligencia hacia el corazón del área pequeña. Fue allí donde apareció el zaguero Gustavo Vargas, quien ya posicionado en terreno rival, recibió en total soledad a las espaldas de un descuidado Néstor Giménez. Con la frialdad de un delantero, Vargas acomodó el cuerpo y abrió la cara interna del pie derecho para colocar el balón hacia el costado izquierdo de Rodrigo Morínigo.
Cinco minutos después, el líder se negaba a caer y el clásico blanco y negro entró en una fase de dramatismo absoluto. Con más corazón que fútbol ordenado, Olimpia encontró un nuevo descuento y se pone a solo un gol de la paridad, aprovechando al máximo el hombre de más en cancha. La jugada nació nuevamente del talento de Bernardo Romeo Benítez. El extremo recibió el balón de Richard Ortiz sobre el costado izquierdo, encaró hacia adentro y se perfiló para lanzar un centro venenoso con la pierna derecha. El envío, cerrado y preciso, encontró a otro defensor volcado totalmente al ataque: Mateo Gamarra. El “Sargento” apareció por sorpresa en el primer poste y conectó un potente cabezazo colocado, imposible para la estirada de Rodrigo Morínigo, quien vio cómo el esférico se colaba junto a su poste derecho.
Ya en los minutos finales del partido, el trámite se convirtió en un monólogo de desesperación franjeada. Olimpia volcó totalmente el campo hacia terreno gumarelo, buscando el empate más con empuje y “fuerza aérea” que con ideas claras. El Decano lanzó balones sistemáticos al área intentando aprovechar su superioridad numérica, pero se estrelló contra una muralla local. La resistencia del dueño de casa fue impecable, sostenida por una gran generosidad en el despliegue físico de sus jugadores. El equipo de Juan Samudio supo jugar con el reloj, manejando los tiempos y cuidando cada detalle para enfriar el ímpetu del rival. Esa gestión estratégica terminó por desquiciar a un Olimpia que cayó en la desesperación y no encontró los caminos para rescatar siquiera un punto en su visita a Tuyucuá.

