Horas antes del inicio del encuentro, las calles de Rabat comenzaron a vaciarse progresivamente.
Numerosos aficionados se dirigieron a cafés, restaurantes y espacios públicos equipados con pantallas gigantes para seguir un partido muy esperado por el país, que aspira a conquistar el título continental que se le resiste desde hace cinco décadas.
Para muchos aficionados, el duelo con Senegal representa una oportunidad histórica de consagrar a una generación de futbolistas que ilusionó al país a lo largo del torneo.
Aficionados vestidos con camisetas de la selección marroquí, envueltos en banderas nacionales y bufandas, llenaban las principales arterias de la ciudad, mientras vendedores ambulantes ofrecían banderas, bufandas y bengalas a quienes se apresuraban para no perderse el inicio del encuentro.
Las zonas habilitadas para los seguidores registraban un lleno total, con cientos de personas concentradas y compartiendo la esperanza de que Marruecos repita la hazaña lograda en 1976.
La ceremonia previa al partido fue presidida por el príncipe Moulay Rachid, hermano del rey Mohamed VI, y contó con la presencia, enmtre otros, del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), Patrice Motsepe.
