–¿Qué opinión le merece la matriz energética de nuestro país, en la que apenas 16% representa al uso de electricidad y el restante 84% a la biomasa e hidrocarburos?
–No me sorprende. Este es un proceso. Para no ir más atrás, en los últimos 30 años, la participación de la energía eléctrica en la matriz energética del Paraguay vino creciendo entre un 7% y 8% anual acumulado hasta llegar hoy efectivamente al 16%. La demanda energética en Paraguay es fundamentalmente residencial y comercial, derivados de una falta de política de desarrollo económico fundamentado en el valor agregado de la industria.
Cuando uno no genera una política que haga visible al agente económico la importancia de la inversión en ese sector, el resultado es el que tenemos: una industria que participa en no menos del 12% o 13% del PIB (producto interno bruto) del país.
–¿Qué piensa sobre el hecho de que el 84% de las industrias del país sigan usando carbón y leña para producir (según datos del Viceministerio de Minas y Energía y la propia ANDE)?
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–Tampoco me sorprende. El industrial lo que hace es evaluar el costo/beneficio de cada una de las alternativas energéticas que tiene a su disposición. Hasta ahora el costo de la energía eléctrica en el Paraguay no ha permitido que se la utilice masivamente, sobre todo en el sector donde hay transferencia térmica. Lo que sí ocurre es que los procesos térmicos vinculados a la generación de vapor para cocción y otras actividades encuentran en la biomasa un costo muy inferior. Hablamos de un tercio y un sexto del valor dependiendo de la industria y el tipo de operación que realiza respecto a la energía eléctrica.
Entonces el agente económico lo que hace es seguir las indicaciones que se da desde la política de gobierno y, finalmente, tiene que sobrevivir en un mercado sumamente competitivo, porque estamos integrados al Mercosur. Se hace en función a la energía, no más cara ni más barata, sino la que es más competitiva para su nivel de producción y de generación de costo donde pueda tranzar sus productos en el mercado
–El gerente Técnico de la ANDE dijo que no pueden competir con el costo de la biomasa, porque esta es más barata que la electricidad. ¿Qué piensa de eso?
–Tiene toda la razón. En un país que genera una cantidad enorme de energía eléctrica y no ha creado las condiciones para que esta energía alimente fundamentalmente al desarrollo económico e industrial de su país, este es el resultado que tenemos. Aquí la energía eléctrica es mucho más cara que cualquier otro tipo de energía menos desarrollada, como la biomasa.
–¿No cree que las industrias que usan biomasa están contribuyendo al calentamiento global, a través de la depredación de bosques?
–El término calentamiento global me parece anacrónico y hablando de un cambio climático que está afectando a todo el mundo, nosotros no somos precisamente los que más hemos colaborado con este proceso de degradación del clima. Probablemente somos los mejor posicionados por nuestra generación de energía limpia y competitiva.
No menos cierto es que no hemos generado políticas de desarrollo económico e industrial y particularmente de políticas energéticas. Es admisible al agente económico las ventajas de utilizar energía eléctrica limpia y renovable, como alternativa, siempre que el costo permita el mantenimiento de la empresa en el mercado. Es una realidad.
–¿No cree que seguir usando carbón y leña es un absoluto contrasentido en el país de las grandes hidroeléctricas?
–Y no es un contrasentido en la medida que no se tenga otra alternativa que sea de igual costo que la de biomasa y carbón. En primer lugar, el empresario lo que debe mantener es su empresa en funcionamiento y a sus empleados con trabajo y salarios, esa es su primera responsabilidad. La responsabilidad de generar condiciones para que él pueda utilizar otros medios de energía es del Gobierno, no del empresario eventualmente.
Habría que llegar a un consenso de cómo vamos hacer eso. A fin de cuentas, estamos en las puertas de una negociación donde eventualmente grandes cantidades de energía eléctrica deberían venir –a menores costos, con la negociación del Tratado de Itaipú– a potenciar y a fortalecer todo el sistema industrial.
Con eso, tiene que ser muy buen negocio invertir en Paraguay, con una energía, no digamos ya barata, sino competitiva en calidad y precios, y eso hará que la inversión fluya en Paraguay y podamos abastecer los mercados no solamente nacionales, sino regionales e internacionales. Esa es una visión de política económica de un país.
–En alrededor de tres años Paraguay podría disponer de su 50% en Itaipú, pero ¿qué hacer con tanta energía eléctrica si ni siquiera localmente la industria la está usando?
–Efectivamente, y no estamos utilizándola porque la industria tiene graves problemas en el abastecimiento de la energía. Una cosa es generar energía eléctrica, otra cosa es disponer de ella. Hasta ahora hemos visto que la ANDE no ha tenido la capacidad de abastecer con calidad y precio la energía eléctrica.
Justamente que ahora viene esta negociación, los paraguayos debemos empezar a ver qué queremos hacer con nuestro país para los próximos 30 años. De eso, qué queremos hacer para los próximos 30 años va a venir una política de desarrollo económico-social, una política industrial vinculada a la primera, y una política energética que sostenga y fortalezca la capacidad competitiva que tiene nuestro sector industrial y nuestro país en esta globalización internacional.
–¿Qué es lo que hace falta para que el sector industrial local use más electricidad?
–Lo que falta fundamentalmente, y cualquier inversionista que llegue al Paraguay va a decir, es cuál es el mercado que eventualmente tiene el Paraguay. Nosotros, a excepción del Mercosur, que es una integración desde mi punto de vista equivocada, históricamente proteccionista de su mercado e históricamente distorsivo en su política macroeconómica, necesitamos visualizar mercados alternativos, generar eventualmente alianzas con otros países con los que seamos complementarios en nuestra economía.
Hemos visto en los últimos 30 años que Brasil y Argentina tienen grandes problemas económicos y que nos transfieren a nosotros. Brasil, Argentina y Uruguay producen exactamente lo mismo que nosotros, la diferencia es la cantidad, porque su mercado es mucho más grande. Este mercado nomás no nos va llevar a generar la potencialidad que necesitamos para atraer inversiones al Paraguay.
En función de la competitividad estructural, de la productividad que pueda tener la industria paraguaya a través de sus menores cargas tributarias, de energía limpia y competitiva y de otros factores que puedan ayudar, ahí vamos a generar las condiciones para que la inversión en el Paraguay sea atractiva, particularmente la inversión industrial.
