Parlasur, un ejército de zánganos que le cuesta caro a Juan Pueblo

El dinero público no solo se roba, sino que también se derrocha con autorización del Presupuesto. Un ejemplo palpable lo constituye el dinero que se destina para financiar el ocio y el turismo de un grupo de políticos parásitos que representan a nuestro país en el completamente inútil Parlamento del Mercosur (Parlasur). Son 18 supuestos legisladores regionales, con sus respectivos suplentes, que no hacen nada útil, cuyas resoluciones no sirven absolutamente para nada –no son vinculantes– pero tienen sueldos de parlamentarios, además de una sede y hasta numerosas personas a su servicio, donde los varones probablemente se dediquen a jugar a las damas y las mujeres a arreglarse las uñas. Pues bien, más de 23.000 millones de guaraníes supondrá este año mantener una representación totalmente prescindible. Esa suma se puede reducir al mínimo indispensable, como enseña la experiencia de los demás países socios. Los “parlasurianos” ofenden a la población carenciada y al sentido común, con la complicidad de los Poderes Legislativo y Ejecutivo. La ciudadanía debe cuestionar con firmeza a esos caraduras.

El dinero público no solo se roba, sino que también se derrocha con autorización del Presupuesto. Un ejemplo palpable lo constituye el dineral que se destina para financiar el ocio y el turismo de un grupo de políticos parásitos que representan a nuestro país en el completamente inútil Parlamento del Mercosur (Parlasur). Son 18 supuestos legisladores regionales, con sus respectivos suplentes, que no hacen nada útil, cuyas resoluciones no sirven absolutamente para nada –no son vinculantes– pero tienen sueldos de parlamentarios, además de una sede y hasta numeroso personal a su servicio, donde los varones probablemente se dediquen a jugar a las damas, y las mujeres, a arreglarse las uñas.

Con muy buen criterio, en los otros países socios del bloque le han encontrado la solución justa al problema: los representantes ante el Parlasur son designados entre los legisladores electos, a quienes se les paga un viático las veces que tienen que viajar para alguna de las escasas e inocuas reuniones en Montevideo. Pero aquí en el Paraguay hay que encontrar un lugar para aquellos “amigos” que no pudieron integrar las listas de legisladores o ser designados en algún otro cargo importante, y se convierten entonces en “parlasurianos”, con buena paga, una vida relajada y hasta se atribuyen fueros. Algunos de ellos soportan procesos penales.

Pues bien, más de 23.000 millones de guaraníes supondrá este año mantener una representación totalmente prescindible. Esa suma se puede reducir al mínimo indispensable, como enseña la experiencia de los demás países socios.

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Que los 18 “parlasurianos” viajen de vez en cuando al Uruguay, con los datos proveídos por los veintidós funcionarios que tienen en sus oficinas, a fin de votar inútiles declaraciones, implica un dispendio mayúsculo. La diputada Kattya González (PEN), con buen criterio, propuso reducir el costo antes mencionado a 4.000 millones de guaraníes, pero –¡que siga el carnaval!– una mayoría de diputados solo aprobó disminuir el dispendioso presupuesto por esa cantidad. Por supuesto, la reducción no alcanza a ciertos rubros de los que no deberían disponer los “parlasurianos”, como combustibles y lubricantes, pues sus “sesiones” se realizan en Montevideo, a donde viajan en avión. El Presupuesto vigente incluye 547 millones de guaraníes para “pasajes y viáticos”. Y bien, los beneficiarios del despilfarro quieren disponer en 2020 de 1.300 millones de guaraníes en tal concepto, como si tuvieran que desplazarse a menudo dentro del país. Como el pueblo lo soportaría todo, no se conforman con las dietas, los gastos de representación, los pasajes y los viáticos.

En marzo último, las diputadas del PEN, Kattya González y Norma Camacho, presentaron un proyecto de ley para eliminar el voto directo de nuestros “parlasurianos” y encargar la representación del país a senadores y diputados en funciones, tal como ocurre en el Brasil y el Uruguay, por ejemplo. Dicha propuesta, cuya aceptación hubiera conllevado un gran ahorro, nunca fue tratada y no porque alguna normativa de superior jerarquía lo impidiera. En 2011, el Consejo del Mercosur había dispuesto que los países miembros realicen elecciones directas para el Parlasur, pero hasta 2014, año en que venció el plazo, solo el Paraguay lo había hecho, y lo sigue haciendo. En abril de 2019, el excanciller Luis Castiglioni anunció que Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina habían resuelto, a sugerencia de este último país, suspender la elección directa de los miembros del Parlasur, en tanto que el presidente Mario Abdo Benítez escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter: “Con miras a una mejor disposición del dinero de todos los paraguayos, y de conformidad al derecho internacional, los Pdtes. de países del Mercosur decidimos suspender la próxima elección directa de parlamentarios del Mercosur. El dinero ahorrado será destinado a la inversión social”. Pese a todo, estas garrapatas del presupuesto continúan con sus privilegios.

No se les podrá revocar el mandato a los “parlasurianos” compatriotas en el actual periodo constitucional, pero se les puede reducir considerablemente los gastos que hoy causan sin ninguna contraprestación. El Parlasur es uno de los tantos rebusques de los dueños de los partidos. El diputado José Ledesma (PLRA) reveló que acceder a una banca en ese organismo superfluo costaba unos 200.000 dólares, cuando salió a la luz que el “parlasuriano” Nery Olmedo (PLRA) no tenía la menor idea de lo que debía hacer allí. La intervención de este último en una entrevista de prensa, en Montevideo, fue un verdadero bochorno para el Paraguay.

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Los legisladores corren el riesgo de ser escrachados o repudiados en las redes sociales o en los lugares públicos, pero no así los “parlasurianos”, que pueden dedicarse con toda placidez a hacer turismo en el Uruguay y a llenarse los bolsillos con más de 32 millones de guaraníes mensuales per cápita, pagados por Juan Pueblo.

¿Objetará el presidente Abdo Benítez sus gastos innecesarios que se mantendrían en el Presupuesto venidero para desangrar a los contribuyentes? Allí hay mucha tela que cortar, como bien lo sabrá también el ministro de Hacienda, Benigno López.

Los “parlasurianos” ofenden a la población carenciada y al sentido común, con la complicidad de los Poderes Legislativo y Ejecutivo. La ciudadanía debe cuestionar con firmeza a esos caraduras.

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