EE.UU. da una cachetada a los tres Poderes y a la Fiscalía

No es frecuente que una alta funcionaria del Gobierno de Estados Unidos visite nuestro país, el único de Sudamérica que incluyó esta vez en su gira la señora Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, del Departamento de Estado. Era difícil pensar que haya llegado a Asunción solo para anunciar que su Gobierno iba a donarnos un millón de vacunas contra el covid-19. De hecho, sus declaraciones posteriores confirmaron que en el marco de la cooperación bilateral, Estados Unidos está muy preocupado por graves cuestiones que afectan a nuestro país, entre las que resaltan la rampante corrupción y las peligrosas actividades del crimen organizado transnacional, inclusive algunas relacionadas con el terrorismo. Es deseable que las autoridades de los tres Poderes del Estado y la Fiscalía General del Estado no solo hayan escuchado el mensaje comentado, sino que también hagan lo que deben para no volver a recibir un tirón de orejas, o, más bien, una cachetada tan sonora.

No es frecuente que una alta funcionaria del Gobierno de Estados Unidos visite nuestro país, el único de Sudamérica que incluyó esta vez en su gira la señora Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, del Departamento de Estado. Era difícil pensar que haya llegado a Asunción solo para anunciar que su Gobierno iba a donarnos un millón de vacunas contra el covid-19. De hecho, sus declaraciones posteriores confirmaron que en el marco de la cooperación bilateral, Estados Unidos está muy preocupado por graves cuestiones que afectan a nuestro país, entre las que resaltan la rampante corrupción y las peligrosas actividades del crimen organizado transnacional, inclusive algunas relacionadas con el terrorismo.

En cuanto al primer asunto, el Paraguay viene ocupando desde hace décadas los peores puestos del ranking mundial de la corrupción, algo que no ha variado en absoluto durante los últimos Gobiernos, al punto que bordea permanentemente el límite para la sanción en materia de lavado de dinero y activos. Como su pésima fama está muy extendida, no debe sorprender la seria preocupación expresada al respecto por la señora Nuland en su encuentro con el presidente Mario Abdo Benítez y con el ministro de Relaciones Exteriores, Euclides Acevedo. Luego se reunió en la Cancillería con otras altas autoridades, entre las que –curiosamente– no figuró la fiscala general del Estado, Sandra Quiñónez, pese a que la visitante hizo hincapié en el lavado de dinero y en el crimen transnacional, haciendo “alusión directa a la gestión del Ministerio Público”, según el canciller.

Para el propio Euclides Acevedo, el hecho de que haya excluido a la fiscala general de su “agenda” de entrevistas, implicó un mensaje de “luz amarilla: si no hay una investigación seria, no vamos a poder combatir el crimen organizado”. Los suspicaces agregarían que fue excluida de la ronda de conversaciones por ser tan poco de fiar como lo fue su antecesor Javier Díaz Verón, tildado de “significativamente corrupto” por el Departamento de Estado. Conste que en el Palacio de López también se habría hablado de la necesidad de una mayor cooperación entre la Corte Suprema de Justicia, el Congreso y el Ministerio Público. A propósito, el Departamento de Justicia estadounidense se halla investigando, en el marco de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, el papel de un eventual soborno en dos fallos de la Corte que, con el voto de las ministras Myrian Peña y Gladys Bareiro de Módica, favorecieron en 2015 y en 2019 a la firma Archer Daniels Midland (ADM).

En cuanto a la confiabilidad del Poder Legislativo, la señora Nuland sabrá que la exdiputada Cynthia Tarragó fue condenada en su país por lavado de dinero del narcotráfico y que también fueron calificados de “significativamente corruptos”, por el órgano que ella integra, el exsenador y expresidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, Óscar González Daher, así como el diputado Ulises Quintana (ANR), hoy candidato a intendente de Ciudad del Este, nada menos que por el partido oficialista. Es muy probable que a la visitante y a su Gobierno les resulte llamativo que un procesado por delitos ligados al tráfico de drogas ilícitas aspire, justamente, a gobernar un municipio situado en la Triple Frontera, zona que habría sido objeto de “una intensa conversación” entre el subsecretario adjunto de Defensa de su país, Daniel Erikson, y el ministro de Defensa, Bernardino Soto Estigarribia.

Es cierto que nuestro país ya sabe “dónde le aprieta el zapato”, de modo que una advertencia internacional sería innecesaria. El grave problema es que muy poco se hace para combatir la corrupción, que también contribuye al financiamiento del terrorismo internacional. Está bien, pues, que llegue el severo llamado al orden reflejado en estas palabras de la visitante: “La corrupción mata a la democracia, le saca fuerzas, mata las instituciones y pudre a las personas; todos tenemos que pelear contra ella; Estados Unidos tiene herramientas fuertes y no temeremos usarlas”. De hecho, ya las usó con respecto a ciertos personajes locales, a quienes ha prohibido el ingreso en su territorio, siendo de temer que, si resulta que su visita ha sido inútil, lleguen a emplearse otras herramientas de mucho mayor calibre. Claro que mientras continúe en el cargo Sandra Quiñónez –nombrada durante el Gobierno de Horacio Cartes y de quien con frecuencia se dice que es funcional– no se podrán esperar resultados auspiciosos, pues como bien lo dijo el canciller Acevedo, se necesita “trabajar en conjunto, porque la lucha contra el lavado de dinero y el delito internacional afectan a todo el mundo”.

Tal como están las cosas, el Paraguay encierra una amenaza para otros y corre el serio riesgo de convertirse en un paria, contra el que la comunidad internacional puede montar un “cordón sanitario”. El solo hecho de que la visita se haya centrado en la corrupción, pocos meses antes de la llegada de los evaluadores del Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica (Gafilat), ya revela cuán afectada está la imagen del país, por obra y gracia de los sinvergüenzas que siguen empotrados en el aparato estatal para, entre otras fechorías, facilitar las actividades del crimen organizado. Es deseable que las autoridades de los tres Poderes del Estado y la Fiscalía General del Estado no solo hayan escuchado el mensaje comentado, sino que también hagan lo que deben, dentro de sus respectivas competencias, para no volver a recibir un tirón de orejas, o, más bien, una cachetada tan sonora. De lo contrario muchas de ellas mismas llegarán a engrosar el grupo de “significativamente corruptos” con que varios sinvergüenzas ya embarraron el rostro de nuestro país.

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