"El teniente paraguayo prisionero logró fugarse, refugiándose en el bosque. Al ser perseguido entabló lucha con el soldado Froilán Tejerina, a quien logró desarmar, hiriéndolo. Tejerina recuperó su arma, y en uso de legítima defensa y en cumplimiento del deber lo hirió a su vez, mortalmente. En aras de la confraternidad sudamericana, y a solicitud del gobierno paraguayo, fueron puestos en libertad los prisioneros, previa autorización del Estado Mayor General". Así decía el comunicado del Ministerio de Guerra boliviano, dado a conocer, refiriéndose al ingrato suceso ocurrido el 25 de febrero de 1927.
Los hechos
A las 15 de aquel fatídico día, mientras exploraban las corrientes de agua de la zona, el teniente 2º Adolfo Rojas Silva y sus hombres, además de un guía aborigen, aparecieron en el fortín boliviano Sorpresa, donde, luego de un breve intercambio de palabras, los bolivianos, mayores en número, procedieron a detener a los paraguayos.
¿Cómo sucedió la muerte del joven oficial paraguayo?
El historiador norteamericano David Zook escribió: "por desidia del capitán que comandaba el puesto, Rojas Silva fue confinado, mientras esperaba el interrogatorio, en un pequeño rancho, bajo la custodia de un solo conscripto. Como suele ser práctica en tales circunstancias, el teniente paraguayo intentó fugarse, pero en la lucha que entabló con el custodio (Tejerina), este le dio muerte. ¡Primera sangre derramada en el Chaco Boreal, que de unas pocas gotas se convertiría con el tiempo en un torrente!".
El gobierno boliviano comunicó el incidente a su par guaraní, alegando que el mismo sucedió en territorio boliviano y en violación de su soberanía, a lo que el canciller paraguayo, doctor Enrique Bordenave, contestó que, si bien carecía de informes al respecto, las fuerzas armadas paraguayas tenían órdenes estrictas de no traspasar la línea del meridiano 61º 30 de Greenwich, límite al occidente del statu quo de 1907.
Un testimonio de primera mano
El soldado Fermín González, oriundo de Loreto, pertenecía a la IV Compañía del Regimiento con asiento en Concepción. Bajo el mando del Tte. Adolfo Rojas Silva y su ayudante el Sgto. 1º Parodi, integró la guarnición de 120 hombres destinados en Nanawa.
En enero de 1927, acompañó a Rojas Silva, con 30 soldados y dos aborígenes baquianos para arrear ganado de la costa del Confuso, para consumo de la guarnición de Nanawa. Luego de varios días de infructuosa búsqueda, acamparon en un lugar cercano al fortín boliviano Sorpresa, cuya existencia desconocían y los propios baquianos se cuidaron de informarles.
Rojas Silva ordenó a Parodi y otros hombres a salir a cazar animales silvestres, para dar de comer a la tropa.
Una hora después se escucharon tres disparos. Al regresar los cazadores, Rojas Silva preguntó a Parodi cuántos disparos realizó, y éste contestó que solo uno. Preguntó a uno de los indígenas si existía algún fortín en las cercanías, y este contestó que había uno, pero a tres días de distancia. Rojas Silva ordenó a González y a los soldados Remigio Argüello y Maximiano Chaparro a ir con él hasta el fortín boliviano. Uno de los baquianos se negó rotundamente, alegando que aquellos los matarían a todos. Amenazando fusilarlo, el indígena accedió, informando que el fortín solo quedaba a 1.500 metros del lugar.
Al partir, ordenó a Parodi que si en 24 horas no volvían, atacaran el fortín.
Quinientos metros antes de llegar al fortín descabalgaron y avanzaron caminando cautelosamente, separados a 50 metros cada hombre. El teniente ordenó asaltar el fortín, sorprendiendo a cuatro soldados que se encontraban bañando en el riacho cercano, quienes se rindieron sin resistencia. Interrogados, los prisioneros informaron que el fortín boliviano contaba con 90 hombres al mando de cuatro oficiales, entre ellos el comandante, capitán González.
Ante la superioridad numérica, el soldado Argüello sugirió volver y buscar refuerzos, pero Rojas ordenó avanzar hasta el fortín.
Una vez llegados, Rojas Silva, revólver en mano, se dirigió hasta el P.C. del capitán González, a quien encontró durmiendo, tomándole del cabello y a punta de revólver lo sacó fuera de la habitación. La serenidad del boliviano hizo que se tranquilizara y "conversaran buenamente", e invitando a que llegaran los demás soldados.
Rojas Silva ordenó a sus hombres liberar a los prisioneros y depositar sus armas en la cuadra de los bolivianos y que no temieran nada, demostrando a "estos añaray que no son enemigos para nosotros".
Una vez que terminaron de comer, los paraguayos fueron a buscar sus armas, pero los bolivianos negaron la entrega. Rojas reclamó al capitán González la situación creada, a lo que este le contestó que estaban en calidad de prisioneros. Rojas no fue despojado de su arma, un revólver 38 "medio destartalado y un yatagán".
Pese a la custodia de los guardianes, el guía indígena escapó e informó a Parodi del hecho.Este consideró un suicidio atacar una guarnición de 90 hombres, y entonces decidió regresar a Nanawa. Al día siguiente, como no aparecieron Parodi y sus hombres, Rojas ordenó a sus hombres armarse con garrotes o con lo que sea e intentar escaparse. Luego se dirigió hasta el comandante boliviano, a quien comunicó que decidieron irse. El oficial boliviano les salió al paso, Rojas le esquivó y González llamó a sus hombres a perseguir a los paraguayos.
Trataron de detenerlos, pero sacudiéndose, los paraguayos siguieron adelante. Dos hombres se retrasaron y fueron capturados, Rojas Silva y Argüello lograron escaparse, hasta llegar al lugar donde quedó el grueso de los hombres. Allí descansaron y fueron alcanzados por los bolivianos.
Al ser sorprendidos, Rojas Silva se paró y desenvainando su yatagán partió en dos la cabeza del boliviano que se le acercó. Argüello tomó el fusil del soldado caído e intercambió disparos con los bolivianos. Uno de ellos, el soldado Tejerina, se arrojó al piso y disparó contra Rojas Silva, hiriéndole en medio del pecho. Viendo a su jefe muerto, se entregó a los bolivianos.
La reacción popular
Cuando el 18 de marzo de 1927, la ciudadanía paraguaya tuvo conocimiento del incidente del fortín Sorpresa, el Centro de Estudiantes de Derecho realizó una reunión en el Unión Club para reflexionar y debatir ante los incidentes ocurridos en el Chaco. Fueron invitados los directores de periódicos, presidentes de partidos políticos, el obispo diocesano y otros notables. Unos días después, una multitudinaria manifestación de repudio por el alevoso asesinato del teniente Rojas Silva llenó las calles de la capital paraguaya.
El suceso del fortín Sorpresa inquietó tremendamente a la opinión pública en ambos países, por lo que ambos gobiernos se vieron obligados a apelar al ofrecimiento de mediación del gobierno argentino, a lo que siguieron varias reuniones diplomáticas, que lograron apaciguar, por el momento, los ánimos abiertamente beligerantes.
QUIEN FUE:
Adolfo Rojas Silva
Fue un joven oficial paraguayo fallecido en un incidente con los bolivianos, el 25 de febrero de 1927. Hijo del ex presidente Liberato Marcial Rojas, fue la primera víctima del drama que se avecinaba por la posesión del suelo chaqueño, disputado por Bolivia. Sus estudios los realizó en el colegio salesiano de Montevideo, Uruguay, donde su padre vivió varios años de exilio. Retornó al país en 1922 y culminó sus estudios en el Colegio Nacional de la Capital.Posteriormente ingresó en la Escuela Militar y, joven oficial, fue destinado a los fortines del Chaco, en la zona del Pilcomayo. Su temeridad le llevó a pagar un precio muy alto: murió asesinado por oficiales bolivianos en el Chaco.