Pese a la protección legal, siguen demoliendo viviendas patrimoniales

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Una de las últimas casaquintas de Asunción, ubicada en Nicanor Torales y Guido Spano del barrio San Cristóbal y que dataría de la época de los López, fue demolida totalmente. Arquitectos entendidos en temas relacionados con bienes patrimoniales aseguran que las viviendas de este tipo deben ser protegidas y preservadas con recelo, porque forman parte de la identidad de la ciudad.

La demolición se realizó como parte del proyecto de vivienda unifamiliar a cargo del Arq. Alfredo Segovia.

Según la Arq. María Teresa Miranda, directora de Patrimonio de la Municipalidad de Asunción, de la antigua construcción solo quedan en pie dos partes y que por su dependencia no pasó ningún expediente con relación al bien patrimonial.

“Esta casa no está registrada, no estaba catalogada. No hay documento que la proteja como patrimonio histórico, pero creo que se la pudo haber protegido”, aseguró.

Miranda sostiene que muchos propietarios de viviendas antiguas se resisten a registrar las casas como patrimonio histórico ante el temor de que luego no puedan hacer remodelaciones u otros tipos de intervenciones.

Según el Arq. Eduardo Alfaro Riera, especializado en urbanismo, la falta de leyes firmes que precautelen las construcciones patrimoniales es una de las causales de que en nuestra ciudad cada día vayan desapareciendo “partes de nuestra historia”.

“Las demoliciones de casas antiguas, de valor arquitectónico por su tipología, típicas, bellas de Asunción, y también parte del patrimonio histórico de nuestra ciudad, se llevan a cabo desde hace muchos años por falta de leyes firmes. Si bien es cierto que está en vigencia la Ley 946/82 De protección de Bienes Culturales, su implementación no es efectiva”, aseveró.

Recordó casos de construcciones destruidas como el Edificio Copacar (Banco Mercantil, demolido el 10 diciembre de 1967), el Club Nacional, que el Gobierno paraguayo vendió en 1960 y fue demolido para la construcción del Banco de la Nación Argentina, y también la Casa de Carlos Antonio Lopez entre muchos otros.

Sobre por qué la gente prefiere destruir en vez de mantener un bien patrimonial, Alfaro asegura que es “Por la falta de sensibilidad y cultura, porque no ven lo importante que es preservar los valores arquitectónicos de la identidad urbanística”.

“Conocer el pasado es entender el presente, como en países de Europa. No tenemos derecho de privar a las futuras generaciones de su historia edilicia. Cuando tenemos delante un edifico antiguo, tenemos la oportunidad de conocer, admirar y reflexionar sobre cómo era la gente y su cultura. Esto es vital para el desarrollo de la identidad de una ciudad, es la base de su historia”, señaló.

Dijo que es urgente que las instituciones vinculadas al tema actualicen y amplíen el “Registro de edificios catalogados Patrimonio Histórico, de casas antiguas y de valor arquitectónico por su tipología”.

Según el profesional, los propietarios de ese tipo de construcciones deben tener, de parte de las instituciones encargadas de velar por los bienes patrimoniales, un tratamiento diferenciado: “Se debe meditar muy bien antes de modificar o mutilar un patrimonio, porque al ser un bien patrimonial es propiedad del pueblo. Además, una obra de arte es una unidad, que no admite remiendos y debe ser respetada”.