Bibliotecas

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La carencia de una educación sólida, eficiente y formadora de valores en muchas escuelas y colegios de nuestro país hace, lastimosamente, que los niños y los jóvenes vayan perdiendo la oportunidad de convertirse en personas útiles a la sociedad.

Se nota con claridad la pobreza de nuestro lenguaje y de nuestras ideas en las redes sociales de Internet.

Por supuesto, las redes sociales reflejan cómo estamos en materia de cultura. Cuánto camino aún debemos recorrer los paraguayos para que nuestro país avance en ese aspecto.

Si por lo menos entendiéramos el valor de una buena redacción ya daríamos un paso importante, pero tal parece que no queremos o no podemos dar importancia a la redacción siquiera.

Si nos expresáramos con concisión, sencillez y propiedad, mejoraríamos bastante.

Nuestra falta de buena educación y de cultura queda al total descubierto cuando al hablar usamos un lenguaje pobre, plagado de frases como “qué pio querés que haga” o “ya da ya”.

Qué poco conocen el castellano nuestros propios gobernantes, salvo algunas honrosas excepciones. Su desconocimiento da vergüenza ajena.

Sus discursos son vagos, erráticos, con graves deficiencias en la forma y en la estructura.

¿Qué podemos aguardar entonces?

Países como Chile, Uruguay y Argentina progresan, van tomando la delantera en muchos aspectos y se encaminan hacia un futuro alentador porque el Gobierno ha dado desde siempre la importancia que se debe a la salud y a la educación.

De Chile han salido célebres poetas como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro.

Y ellos, a través de Internet o de los libros, siguen alimentando la imaginación de miles de artistas del mundo, pues se han convertido en referentes de la poesía de todos los tiempos. En otras palabras, son clásicos.

Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano se constituyeron en figuras elementales de la literatura uruguaya. Habría que leerlos.

Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar han dejado a la Argentina un legado literario de enormes dimensiones.

En las bibliotecas de nuestro país hay tantos libros valiosos que deberían ser leídos por los jóvenes estudiantes, por las personas que desean superar la ignorancia. Fea cosa es la ignorancia. A veces pienso que tiene el mismo rostro de la pobreza.

El polvo se va juntando sobre numerosos textos nacionales que aguardan, en las librerías, silenciosos, tristes, ser hojeados.

Si comprendiéramos que la ignorancia nos está esclavizando, si reaccionáramos a partir de ahora e hiciéramos desde nuestras humanas posibilidades un poco de esfuerzo para combatirla, el Paraguay aún tendrá la chance de ser un país donde habrá reales condiciones de bienestar.

Por otro lado, hay muchos niños en Asunción y en el interior del país que tienen los vientres llenos de parásitos o que sobreviven en la desnutrición. Ellos no tendrán, lástima grande, la oportunidad de aprender a leer y escribir correctamente. ¿Qué hacen nuestras autoridades, en forma concreta y responsable, por mejorar las condiciones de vida de esos chicos?