“Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida” es el tema de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizada en mayo de 2007, en Aparecida del Norte, Brasil.
Y para reforzar nuestro compromiso, el papa Benedicto nos invita al “Año de la Fe”, lanzado día 11 de este mes, pues: “Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo” (Porta Fidei 7).
Ser discípulos y misioneros que asumen con valentía su compromiso, incluso con el coraje de beber del mismo cáliz que Jesús bebió, en el sentido de sacrificarse por los demás, de no tener miedo de algunas renuncias personales para no lastimar al semejante. Probablemente, la renuncia más complicada es dominar la adoración de sí mismo y del materialismo.
Así como Jesús, pasar largos ratos de oración al Padre, para entender profundamente la eficacia de beber de este mismo cáliz. En el lenguaje del amor y de la fe, muchas cosas deben ser gestadas en el corazón, para que iluminen el cerebro y transformen la vida.
El discípulo y misionero del siglo XXI tiene una misión espinosa, pues Jesús presenta una radiografía dramática de aquellos que ejercen el poder: “Ustedes saben que aquellos que se consideran jefes de la naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los que tienen algún puesto hacen sentir su poder. Pero no será así entre ustedes”.
En seguida, recalca la necesidad de una vida dispuesta al servicio de los demás, de una disponibilidad de tiempo y de espíritu, que crea nuevas relaciones familiares y sociales y disminuye este clima de agresión que, infelizmente, nos rodea.
“No será así entre ustedes”, no será haciendo trampa, ni por medio de la fuerza y de la deshonestidad, por lo tanto, esos antivalores hemos de alejar de nuestra vida diaria.
Ser discípulo comprometido es tener claro el motivo para luchar por otro tipo de sociedad: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate de una muchedumbre”.
Por tanto, es fundamental cultivar y alimentar constantemente nuestra fe, con la seguridad de que estaremos agradando a Dios.
Hoy es también el día de colecta para las Misiones: no seamos indiferentes, sino generosos.
Paz y Bien.
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