La condena guaireña

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El Paraguay tiene sus particularidades que hacen que sea especial. Es un país con excelente producción de alimentos, pero con miles de hambrientos, con el “trabajo en primer lugar” nadie trabaja, gente que sale con títulos y corbata de garajes, con presidentes que al ser electos se dedican a su reelección y hacen en 50 años lo que pueden hacer en 5, los que más exigen no pagan impuestos y hablamos de un país rico con gente muy pobre, o si quiere darle la vuelta, de un país pobre con gente muy rica.

Las extravagancias del Paraguay no solo son estas distinciones. Hay más franquicias en este país que desperdicia sus frutas tropicales y otras como el guavirami, el yvapurû, la mora, el pacurí, yvahái, el aguai, el apepu, kaki, el guavirapytã, yvapovõ y el aratiku.

Otra jerigonza ocurre con nuestros escudos “nacionalistas” en donde flamea un gorro frigio, ondea una rama de olivo y mea un león africano, mercancías que tendrían que ser un poco más fidedignas y sustituidas por algún tagua, un sombrero piri y por una rama de marihuana ya que su cultivo se convirtió en un rubro de consumo y renta en el Paraguay y tan vital que hasta facilita el pago de costosas campañas partidarias para que sigamos teniendo parlamentarios, gobernadores e intendentes de cuarta categoría.

En este país de paradojas, quienes piden un país mejor decidieron que somos los más felices del mundo y otros, más boludos aun, recién ahora saben que eran felices, los que indican que sobran remedios gratuitos y buena atención médica son los que más se enferman, los que piden tierras para cultivar son para alquilar, los que están en contra de los petardos sacan su revólver, los que opinan en contra del contrabando no paran de visitar Clorinda, son condecorados los torturadores, los que alaban la seguridad son asaltados por polibandis, hay más pescadores subsidiados que pescados y a los que hoy se mandan al carajo los veremos mañana, durante una elección, entre abrazos y que serán más efusivos todavía si los apretones y mimos llegan con algún zoquete de por medio.

La incoherencia paraguaya acaba de enriquecerse con el caso de la paraguaya detenida en el aeropuerto de Beijing y ahora inquilina de una cárcel de mujeres de esa ciudad de la China continental, por acarrear 3 kilos de cocaína en su ropa interior. Los chinos decretaron su sentencia de muerte para el próximo 20 de marzo.

Rosalía Amarilla Escobar fue detenida el 24 de julio pasado y desde que se determinó su muerte el Paraguay quedó movilizado, sorprendido y asustado del veredicto y muy en contra del fallo chino. Acá se está muy en contra y se manda a la China al narcotráfico, al contrabandista, a los drogadictos y a los narcopolíticos porque no tienen castigo ejemplar, pero llegan las elecciones y son los preferidos y elegidos.

Un grito en vano pegó este país cuando el argentino, nacionalizado paraguayo, Francisco Ángel Breard consiguió su muerte en el penal de Greensville, Virginia, EE.UU., el 14 de abril de 1998 con unas inyecciones letales. Este correntino tenía 32 años y se había mudado al Paraguay a los 13 años y a los 15 ya era alcohólico. Viajó a los EE.UU. y el 17 de febrero de 1992 violó, acuchilló y asesinó a una norteamericana y por esos “simples” actos fue sentenciado a muerte.

El Paraguay entero está en contra de las violaciones trágicas, pero todos procuraron salvar al correntino. Las rogativas no llegaron al cielo y mucho menos a La Haya, a la Casa Blanca, al gobernador y a la Corte de Justicia de Virginia.

Lo que en el insólito Paraguay gusta es el castigo entregado a un profesor-asesino que recibió su certificado de buena conducta en la misma cárcel de Villarrica y a un indeseable guaireño que violaba a sus hijas. Le dieron la ejemplar condena de prisión domiciliaria y a las hijas la estricta y juiciosa orden de no abandonar la misma casa...

caio.scavone@abc.com.py