Mujeres, sí. Andróginos, no

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SALAMANCA. Hace poco menos de un mes, una modelo que debía participar en un desfile que ella consideraba que era importante para su carrera no comió absolutamente nada ni bebió agua en los tres días previos al acontecimiento. Y desfiló. Habrá sido una caminata épica por la pasarela: flaca, chupada, la piel colgando sobre los huesos, la cara demacrada, los ojos enormes y saltones, como los niños de Biafra.