Querido y polémico Cristo Rey

El Cristo Rey posiblemente sea el colegio más histórico y emblemático de la educación paraguaya en los últimos 60 años. Como obra jesuita, tiene la aureola de la excelencia y el modernismo, al mismo tiempo que genera críticas y polémicas por su modalidad académica. 

En los años 60 y 70, el colegio y la parroquia Cristo Rey eran importantes centros de oposición a la sanguinaria dictadura del Gral. Stroessner. Desde dicho centro se originaron manifestaciones, tomas de iglesias y marchas de repudio al régimen totalitario, que contestaba con feroces represiones policiales, garrotes para curas y estudiantes y hasta la invasión de la residencia de los jesuitas por parte de las “fuerzas del orden”. 

Varios curas valientes alentaban la resistencia a la dictadura, tales como José Luis Caravias, Ramón Juste, Miguel Sanmartí, Francisco de Paula Oliva, Miguel Munarriz, etc. Como producto de esta prédica, varios exalumnos del Cristo Rey formaron parte activa de organizaciones de lucha contra el régimen, exponiéndose a la represión, el encarcelamiento y hasta el asesinato en las salas de tortura, como ocurrió, por ejemplo, con el joven Mario Schaerer Prono. 

En aquellos años, en el mismo local funcionaba por la noche la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica, cuyos estudiantes, encabezados por pa’i Oliva y Sanmartí, también protagonizaron muchas tribunas libres y manifestaciones callejeras contra la dictadura stronista. 

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Los directivos del Cristo Rey siempre estuvieron un paso adelante en relación a otros colegios católicos en cuanto a conceptos y métodos educativos progresistas, incluyendo el respeto a la libertad y las iniciativas individuales de los alumnos. Esta actitud no siempre fue bien comprendida por algunos padres y estudiantes. 

La dirección actual del colegio no está a la altura de la trayectoria y la responsabilidad en el cargo pues, según las alumnas, desde hace dos años vienen denunciando el acoso sexual de alumnos que crearon una página en internet con fotos íntimas de sus compañeras y no se hizo nada al respecto. 

Solo ahora que estalló el escándalo, se recurrió al MEC y a la fiscalía ante la presunción de hechos punibles para la correspondiente investigación y sanción de los culpables. 

Que determinados miembros de una comunidad educativa no valoren ni comprendan la misión, las acciones y la trayectoria histórica de su institución puede suceder en cualquier colegio. Los desubicados abundan en estos tiempos del pos milenio. 

Lo que no corresponde es que por causa de algunos alumnos transgresores de las normas y de la buena conducta, se quiera desacreditar y manchar el nombre de todo el colegio. 

Lo sucedido sí debe llamar la atención de los directivos y docentes de la institución pues el hecho revela la existencia de defectos y grietas negativas en su proceso educativo. Estas falencias deben ser subsanadas con la adopción de medidas correctivas, de modo a garantizar a los padres y a la sociedad que el Cristo Rey seguirá siendo uno de los mejores colegios de nuestro país, en especial, para quienes profesamos la fe católica.

ilde@abc.com.py

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