Mon Laferte es una de las artistas latinoamericanas de más proyección. Cantante y compositora, como también pintora, la chilena supo de esfuerzos y sacrificios para lograr el reconocimiento que hoy goza.
En su tierra natal, desde el 2003 formó parte del programa Rojo Fama Contrafama, donde era conocida como Monserrat Bustamante. Cuatro años después decidió dejarlo todo y viajar a México. Empezó a abrirse paso tocando en bares, hasta que en el 2009 le diagnosticaron cáncer de tiroides, por lo que debió alejarse de los escenarios. Pero la artista logró vencer a la enfermedad y ese hecho significó que su carrera tomara un rumbo completamente distinto, adoptando desde este periodo el nombre artístico de Mon Laferte.
Desechable (2011) y Tornasol (2013) fueron sus primeros discos editados de forma independiente. Pero fue a partir de Mon Laferte Vol. 1 (2015) que empezó a ganar reconocimiento en la región. Le siguieron La trenza (2017) y Norma (2018), donde la artista desplegó todas sus facetas, cantando desde boleros, salsa, cumbia y más; todo con un estilo único. Los premios y grandes escenarios llegaron sin dudar.
Ahora, luego de una extensa gira en la que presentó Norma en diferentes continentes, Mon llega al Paraguay explorando una nueva arista musical, ya que adoptará el formato “guitarra y voz” en el concierto acústico Sola con mis monstruos. La artista habló en exclusiva con ABC Revista días antes de su segunda visita, mostrándose muy dulce, atenta y abierta a responder a todas las preguntas.
–Es tu segunda visita al Paraguay, pero esta vez para un show exclusivamente tuyo, ¿qué significa poder llegar a tantos países gracias a tu música?
–Particularmente este concierto en el Paraguay me emociona mucho porque creo que hay mucha gente que sigue mi música por allá. Me envían mensajes por las redes sociales, pero nunca he podido dar un concierto en solitario, y me gusta que esta vez sea un acústico. (Este concierto) no es como el de mis anteriores giras, con mi banda completa, ahora voy “solita” con un guitarrista, con Sebastián Aracena. Y me encanta este acercamiento diferente con el público desde lo acústico, desde las canciones como nacieron, solo con la guitarra.
–¿Cómo nació la idea de hacer Sola con mis monstruos y por qué ese nombre?
–Fue bastante accidental. Un día se me ocurrió hacer un concierto acústico. Venía de un año de conciertos muy masivos con una banda muy numerosa, éramos más de diez en el escenario, y entonces un día de nuestra gira propuse tocar en un sitio específico y, bueno, dijimos: “Hagámoslo”. Cerramos la fecha y, luego, cuando llegó el momento de adornar el escenario, me acordé de que yo en casa tengo unas muñecas gigantes que hice y pensé: “¿Qué hago con estas muñecas que tengo aquí tiradas en la sala de mi casa?”. Encontré como el pretexto, la excusa perfecta para sacarlas de la casa y llevarlas a que conocieran el mundo. Quedaron ahí en el escenario y el nombre en realidad se lo puso mi equipo. Me dijeron: “Sí, claro, eres tú con tu arte, tus muñecas, tus brujitas, tus canciones”. Fue como una serie de accidentes.
–¿Cómo es desnudar tu voz de esta manera: sola en el escenario y con tus monstruos?
–Me encanta. Creo que el escenario es una de las cosas que más disfruto, pero en todos sus formatos. Me gusta mucho cuando tengo la posibilidad de tocar con la banda completa, porque sale mi parte de intérprete más actoral, pero también en el momento del acústico cuando surge ese momento de intérprete, como tú dices, de desnudarte, sin todos los instrumentos. Por ejemplo, me gusta mucho cantar a capela porque también mi voz puede ser mucho más versátil y juguetona.
–¿Qué significó interpretar Gavilán, de Violeta Parra, como parte del repertorio de este acústico?
–Mira, nunca quise cantar a la Violeta, porque siempre me decían “canta canciones de Violeta”, pero la respeto mucho. Entonces yo decía “hay tantas versiones, tantos covers... ¿pa qué?”, hasta que sentí como una cosa que me salía, una llama de adentro, y tiene que ver mucho el guitarrista que me acompaña, Sebastián. Él vio todo acerca de la dificultad de esa canción, que aparte es una canción pesada y larga, dura como diez minutos, por eso mismo dije: “Bueno, si voy a hacer algo de Violeta, quiero esforzarme, quiero que no sea de las canciones más amables y populares que tiene”. Aunque todo su repertorio es bastante extenso, elegí la más intensa de todo su repertorio. La verdad es que la ensayábamos con Sebastián, terminaba la canción y era como ¡guau! terminábamos agotados. Creo que por eso elegí esta canción, y siento que Violeta es maravillosa. Qué afortunados y afortunadas somos de tener artistas así, que formen parte de nuestra vida y de nuestra memoria.
–Tus fans dicen que tu música ha cambiado su vida, ¿qué sentís cuando escuchás eso?
–No lo pensé. No sé, pero me lo han dicho muchas personas. “Yo estaba en esto y escuché tu música y de verdad me cambiaste la vida y ¡guau!”. Son cosas que uno no se imagina o no alcanza a medir, saber que puedes hacerle bien a alguien es lindo.
–¿Cómo estás para este concierto en el Paraguay?
–Sumamente feliz. Mi encuentro con el público paraguayo (Asunciónico 2018) fue bello, corto, me quedé con ganas de más, y siento que tengo una deuda porque nunca he ido en solitario. Creo que es como el mejor acercamiento... es un poco como estas bohemias que se arman en casa, que vienen amigos y tomamos vino y terminamos cantando hasta las cinco de la mañana. Va a ser un poco así... Y gracias por el apoyo (a sus fans) porque realmente me escriben mucho, me dan mucho amor.
Camaleónica Mon
Con cada disco una nueva Mon, una diferente. El primero, Desechable, estuvo atravesado por influencias pop rock hasta heavy metal, ya que hacia el 2012 conformó bandas como Mystica Girls y Abaddon. Tornasol siguió ese camino, incluso remarcando un look un tanto dark en el maquillaje, la vestimenta y el cabello.
Pero el giro llegó con Mon Laferte Vol. 1 cuando la artista empezó a abrazar baladas, ritmos bien latinos y una imagen de diva latina total, aportando dramatismo y teatralidad a sus interpretaciones. Este disco fue lanzado también de forma independiente, pero Mon fue convocada por Discos Valiente, filial de Universal Music México, y el álbum fue remasterizado y relanzado de forma comercial.
Los giros en su estética siguieron imponiéndose ya con La trenza, donde asume más la personalidad latina y hace énfasis en bucear en ritmos folclóricos de Chile y México. En Norma, su último material, ella toma su primer nombre para mostrar nuevamente otra faceta artística suya, ya que es un álbum conceptual, donde todas las canciones están relacionadas y hablan de los estados de una relación amorosa. Salsa, mambo, cumbia e, incluso, trap resaltan en este álbum.
–Con cada disco vas mutando, siempre sos una Mon diferente, casi como David Bowie, ¿estos cambios se dan de manera orgánica?
–Sí, totalmente. Soy muy inquieta y me halaga mucho que me pongas de ejemplo a David Bowie, un artista que admiro mucho. Lo amo, precisamente, por esa capacidad de ser camaleónico y, en verdad, todo le salía bien y le quedaba bien, porque creo que no se disfrazaba de alguien. Te das cuenta cuando alguien está disfrazándose. Es cierto que está bien, es lindo cuando los artistas quieren actualizarse, pero también hay algo lindo cuando simplemente son. Y eso me pasa a mí, sencillamente tengo alma de niña exploradora y así voy en la música y en el arte. De pronto se van cerrando etapas y me veo en otra nueva donde estoy escuchando y leyendo otras cosas. También influye mucho la gente con la que estoy, la banda, los viajes. Me encanta porque siento que todo el tiempo estoy aprendiendo, entonces a lo mejor por eso también mis discos cambian tanto.
–Tu carrera tuvo un gran ascenso, pero no estuviste exenta del sacrificio que conlleva eso. ¿Creíste en aquellos años en que comenzabas en Chile que hoy estarías donde estás?
–Cuando era niña quería hacer música y tenía la imagen romántica de los artistas de la tele que cantaban. Pero después empecé a crecer y me di cuenta de que no era tan sencillo. Yo siempre he disfrutado de hacer música desde cualquier sitio: un bar, mi casa, para los amigos o ahora en sitios grandes, pero nunca imaginé que iba a estar viviendo este momento de disfrutar tanto, tanto, tanto lo que más me gusta.
Más allá de la música
Mon Laferte es una persona que pone la voz a sus convicciones artísticas como también políticas. Ella ha protagonizado recientes sucesos que generaron un revuelo en la opinión pública, con gente a favor tanto como detractores. El año pasado, a mediados de noviembre, en la alfombra roja de los Grammy Latinos, decidió posar con sus senos al descubierto, donde tenía escrito: “En Chile violan, torturan y matan”, protestando por la violencia contra la mujer y los sucesos que vivía su país.
Luego, también el año pasado, regresó a Chile exclusivamente para formar parte de las protestas que se están dando hasta ahora en el país andino. La cantante tomó su guitarra y salió a las calles a cantar. También es una artista que está abriendo camino a muchas mujeres en escenarios del mundo.
–Sos una mujer comprometida con varias causas. Como representante mujer en los escenarios, ¿qué opinás del espacio que tienen tus congéneres en los festivales?
–Si hablamos de los festivales de música, Latinoamérica es uno de los sitios más complicados donde hay menos participación femenina. Pero lo que me emociona, y siendo muy positiva, es que se está hablando del tema. Ahora la gente que arma los carteles de los festivales lo piensa dos veces, y eso ya es un adelanto.
–Sobre tu posicionamiento en los Grammy Latinos y tu compromiso con la gente de Chile, ¿por qué sentiste la necesidad de hacer eso?
–Me parece que la gente tiene que hacer lo que le parezca que es importante. No creo que sea una obligación de nadie. Pienso que la gente tiene que vivir, y si duerme tranquila y con la conciencia en paz, está todo bien. No creo que los artistas tengan que ser héroes ni voceros de nada, sino que sencillamente cada quien con sus ideas.
Todos los premios
Mon ha conquistado importantes estatuillas en los Grammy Latinos, Billboard Latin Music Awards, MTV y el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. En este último se presentó por primera vez en el 2017 y recibió la Gaviota de Plata. Pero la insistencia del público hizo que se le otorgara la Gaviota de Platino, la cual ha sido entregada solo dos veces en toda la historia del festival.
Muchos artistas han realizado colaboraciones con ella, como Juanes, Jorge Drexler, Natalia Lafourcade, Julieta Venegas y Lila Downs. En su más reciente tema Plata tatá también canta con el puertorriqueño Guaynaa y en el videoclip aparece la actriz Yalitza Aparicio, conocida por su papel en Roma, de Alfonso Cuarón.
Las entradas para verla en el Paraguay siguen en venta por Ticketea a G. 600.000 (vip), G. 450.000 (plata) y G. 325.000 (bronce).
victoria.martinez@abc.com.py
Fotos: Gentileza/Mayra Ortiz/G5 Pro.
