Espantando al viejo

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Espantando al viejo
Espantando al viejo

Paracaidismo, danza, viajes, nuevos amigos, nuevas experiencias… parecen actividades muy juveniles, pero son los condimentos de la vida de muchas personas a las que la ley y la ciencia denominan adultos mayores. Ya cumplieron 60 años o más, pintan canas, han criado hijos, se jubilaron y están dispuestos a vivir aquello que postergaron por un sinnúmero de obstáculos o distintas prioridades. Hoy, son un ejemplo de que la vida, aunque cierre etapas, también las vuelve a abrir mientras el viejo no se apodere del espíritu.

Hace un par de años se popularizó una anécdota del compositor de música country, Toby Keith, que escribió la canción Don’t Let The Old Man In (No dejes que el viejo entre), inspirada en una conversación que mantuvo con su gran amigo Clint Eastwood. En ese entonces, el legendario actor y director de cine se disponía a filmar otra película a los 88 años (cumplirá 90 años este 31 de mayo). Sorprendido, Keith le preguntó de dónde sacaba las fuerzas y qué lo impulsaba, a lo que Eastwood respondió: “Cada mañana cuando me levanto no dejo entrar al viejo”.

En el Paraguay, la Ley Nº 1885 “De las Personas Adultas Mayores” se promulgó con el fin de tutelar los derechos e intereses de las personas desde los sesenta años en adelante. Entre los derechos figuran el trato digno, no ser objeto de discriminación de ninguna clase para ejercer funciones públicas o privadas, tener prioridad en la atención de su salud, vivienda, alimentación, transporte, educación, entretenimiento y ocupación.

La normativa también señala que una persona de esa franja etaria goza del pleno ejercicio de sus derechos civiles, comerciales y laborales en igualdad de condiciones con los demás sujetos de crédito, sin que la edad constituya impedimento alguno para contraer obligaciones ante terceros. Además, establece varias obligaciones de los familiares, la sociedad y el Estado para proveerles una vida digna.

Es fácil opinar sobre la también llamada tercera edad, sentenciar las aristas que retratan las arrugas, las canas, el cuerpo encorvado y el caminar lento, pero pocos valoran las capacidades de nuestros mayores. Hoy, sin embargo, muchos de ellos están dispuestos a demostrar que ya no son una población pasiva o resignada a ver pasar la vida. En el mundo hay todo un cambio generacional en esta franja de la sociedad que se muestra más autónoma, motivada y dispuesta a llevar una vida más plena.

En el Paraguay es casi desconocido el abanico de espacios de recreación, contención y aprendizaje que pueden ser interesantes para los adultos mayores, aquellos que los ayuden a sentirse útiles, sanos y alegres. Sin embargo, las propuestas existen y quienes las buscan no solo quieren mejorar su calidad de vida, lo hacen porque sienten que todavía tienen mucho por vivir.

Bailar y aprender a usar las redes sociales

La palabra vejez no figura en el vocabulario de Alicia Costas (70), Marta Alarcón (56), Stella Benítez (75), Cristina Boselli (68), Sicinio Miranda (72) y Cristina Aschwell (68). Ellos todos los días toman clases de tango en Proa Café Cultural y los sábados, al son de milongas y bandoneones, practican hasta el amanecer las elegantes figuras aprendidas.

“Nunca pensé que podría aprender a bailar tango, no soy bailarina, pero voy a recibir mi próximo cumpleaños bailando una milonga”, comenta emocionada Cristina Aschwell. En Proa Café, las clases son de lunes a viernes y los sábados y domingos son una fiesta para poner en práctica lo aprendido, sin necesidad de contar con pareja de baile. La propuesta es para todos los niveles y los precios van desde G. 30.000 por sesión.

Se estima que en el Paraguay existen hoy cerca de 700.000 personas de 60 años y más. El 60% de ellas vive en las áreas urbanas, lo que ha llevado a varios municipios de Central, por ejemplo, a organizar actividades y cursos para los adultos mayores.

Las propuestas de la Municipalidad de Asunción son muy valoradas, porque responden a las necesidades actuales de este segmento de la población. Por ejemplo, hay cursos para introducirlos en el uso de las las nuevas tecnologías, mediante clases de computación y manejo de los celulares.

Los cursos se imparten en el Centro Paraguayo-Japonés (barrio Mburucuyá), donde, además, hay clases gratuitas de danza paraguaya, ritmos latinos, gimnasia funcional, coro, teatro danza, y con un pago diferencial también se puede aprender a tejer ñandutí y pintar al óleo.

La Secretaría Nacional de Deportes es otra de las instituciones que cuenta con un programa especial para los adultos mayores en todo el país. Hace seis años también celebra el Encuentro Nacional de Adultos Mayores, una jornada de actividades recreativas y deportivas con danza, canto, teatro y exhibiciones gimnásticas. Delegaciones de los distintos departamentos acuden a este gran encuentro.

En crecimiento

La población adulta está aumentando en el mundo y el Paraguay no es la excepción. En 1950 por cada 100 niños y jóvenes, había 10 adultos mayores según revela la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos. En el 2000, pasaron a ser 17; en el 2030 serán casi la mitad y en el 2050 habrá 88 adultos mayores.

Según los últimos estudios de la Dirección de Adultos Mayores del Ministerio de Salud, la tasa de crecimiento de la población adulta mayor no descenderá del 2,7% entre el periodo 1950-2050.

El estudio añade que existe un predominio femenino en la población adulta mayor. Hay 107 mujeres por cada 100 hombres. Además, es más frecuente la viudez en ellas. “Aproximadamente el 36% de la mujeres adultas mayores se encuentra en la categoría de viudas, mientras que poco más del 75% de los hombres tiene algún tipo de unión conyugal. La predominancia de la viudez entre las mujeres obedece no solo a su mayor longevidad, sino a las pautas sociales y culturales prevalecientes en nuestra sociedad, que llevan a los hombres a unirse con mujeres más jóvenes y a mayores oportunidades de establecer una nueva unión después de la viudez o separación”, dice el estudio.

Experiencia en altura

¿Salto en paracaídas? Suena a algo muy extremo para un adulto mayor, pero es una de las experiencias que los más osados no se privan. Lo confirman los directivos de la Escuela de Paracaidismo República Flyer, que ya recibieron la visita de valientes adultos mayores de 60 e incluso 75 años, para hacer el salto Tandem, “toda vez que no tengan un impedimento de salud”. Se trata de un salto en caída libre que se hace acompañado de un instructor. El pasajero va sujeto al instructor mediante un equipo especial y es este quien se encarga de abrir el paracaídas y aterrizar.

Los saltos Tandem tienen un costo de G. 900.000. El precio incluye una filmación de video para inmortalizar ese momento en las alturas. Como para todos, no solo para los adultos mayores, los pasajeros deben firmar un descargo de responsabilidades por cuestiones de salud y realizar una instrucción de 10 a 15 minutos antes de saltar.

Viajan más

Otra pasión que renace con brío son las excursiones de adultos mayores a lugares con historia y naturaleza dentro del territorio nacional; a playas paradisíacas, como Brasil o México; y a destinos más exóticos y lejanos: Tailandia o la India.

Fabio Sosa, de Finantur, recuerda que fueron una de las agencias de viajes pioneras en ofrecer paquetes de excursiones exclusivos para personas adultas mayores. Los destinos eran, por lo general, de turismo interno, aunque este tipo de ofertas quedó atrás porque ahora las propias organizaciones de adultos mayores son las que se encargan de planificar sus viajes grupales.

Entre los destinos preferidos del país figuras las Ruinas Jesuíticas, la Represa de Itaipú y los parques nacionales La Rosada y Cerro Corá. También visitan las grandes cooperativas de producción o los campos de yerbateros. A nivel internacional, un destino muy solicitado es Salta, en la Argentina, y, por supuesto, las playas de Camboriú, en Brasil,

Viajar con adultos mayores exige evitar los horarios de extremo calor para llegar a destino. Si el viaje es en bus, y son muchas horas sentados se aplican algunas técnicas para activar el sistema vascular, como masajes y ejercicios simples. La jubilación y la ayuda de los hijos o familiares les permiten solventar estos viajes, algunos de los cuales tienen planes de financiación.

Para muchos adultos mayores distraerse, seguir aprendiendo o arriesgarse no es precisamente querer escapar de la vejez, la rutina, los surcos de los años, otras lunas y otros sueños, es simplemente no dejar que lo viejo entre a sus vidas y se apodere de espíritus eternamente jóvenes.

Inés Guerrico, 76 años

“La vida de cada adulto mayor es diferente porque está determinada por su entorno, pero lo que se tiene que saber es que somos los mismos de siempre. A veces no creo los años que tengo. Como docente trato con gente joven que es un factor muy interesante para mantenerse al día. Disfruto de la vida en familia, leer novelas, tejo, pinto, me gusta cocinar y tengo como materia pendiente aprender cerámica. Con mi esposo nos gusta caminar, somos unos vejetes caminantes, y nos gusta conocer gente nueva. Y, como me dijeron mis hijas cuando cumplí 70 años hace muchos años atrás: los años no son para contarlos, sino para vivirlos”.

Maribel Barreto, 80 años

“Mi día empieza con una breve encuentro con Jesús. Mi fe es el combustible que mueve mi vida. Trato de que mi familia esté en paz, que mi hogar funcione en armonía, solo así puedo dedicarme con alegría y pasión a leer y a escribir. A esta edad evito las discusiones estériles, ya no deseo cambiar a los adultos, pero sueño otra vida diferente para los jóvenes: un país más equitativo, menos violento, una mejor calidad de la educación. He logrado disciplinarme, comer moderadamente, no consumo alcohol, practico ejercicios diariamente y lo mejor del día es la reunión con mis amigos para hablar de literatura, el país y el mundo”.

El dato

700.000 personas

tienen 60 años y más en el país.

/ leticia.barrios@abc.com.py

Fotos: ABC Color / Silvio Rojas

Producción: Lourdes Franco Galli

Agradecimiento: Inés Guerrico e Israel Szpecht

Locación: Ex Seminario Metropolitano de Asunción