La tenaza rota y destruida­

A raíz de la ofensiva bélica emprendida por el Gobierno paraguayo entre noviembre y diciembre de 1864, contra las poblaciones brasileñas de Mato Grosso, el Brasil preparó una expedición contra el Paraguay que, por las condiciones geográficas de la época, llevó dos años tratar de efectivizar una acción de atenazamiento, pero todo quedó en aguas de borraja. Si bien no tuvo mayor influencia en el resultado final del conflicto, significó una de las importantes victorias del ejército paraguayo.

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Los proyectos de hegemonía política liberal en el Río de la Plata empeñados en reemplazar los sistemas conservadores vigentes en la región (Uruguay, Entre Ríos, Paraguay y otras provincias), llevaron al presidente Francisco Solano López a buscar el sostenimiento de su régimen por medio del apoyo a sus pares, pues la vigencia de estos garantizaban la de su gobierno. Por esa razón, cuando las campañas liberales (emprendidas por el Buenos Aires, de Mitre; el Río de Janeiro, de Pedro II, en apoyo del caudillo Venancio Flores) contra el gobierno conservador oriental, López decidió llevar la guerra en apoyo de éste.

Las acciones guerreras emprendidas por el Paraguay en contra de las posiciones brasileñas en el Mato Grosso, además del atropello de territorios argentinos por nuestro ejército, en ocasión de acudir en defensa del gobierno conservador oriental (uruguayo), tuvo como respuesta lógica la firma del Tratado de la Triple Alianza, el 1 de mayo de 1865 y, consecuentemente, presentaron batalla en el sur (campañas de Uruguayana, Corrientes, inclusive, Humaitá). Con el propósito de atacar al Paraguay por otro frente, el norte, el Gobierno brasileño destacó un grupo expedicionario por el norte..

Desde Santos a Ñandypá­

El propósito brasileño fue atacar a López por su retaguardia, para eso armó una expedición que salió de Santos, el 2 de abril de 1865 y, en su recorrido, pasó por los siguientes puntos: Sâo Paulo (4/10 de abril), cruzando el río Tieté llegó Campinhas (15 de abril /19 de junio), de donde pasó a Casa Branca (29 de junio), Franca (9 de julio), luego de pasar el río Grande, llegó a Uberaba (18 de julio al 4 de septiembre de 1865), de ahí pasó Santa Rita (29 de septiembre de 1865), cruzó el Paranahyba, luego del río Dos Bois, el río Verde, hasta Döres, a donde llegó el 31 de octubre de 1865. Desde este lugar, un largo recorrido le llevó a Coxim, punto de confluencia de los ríos Tacuary y Coxim, ahí estuvieron entre el 20 de diciembre de 1865 al 24 de junio de 1866. Cruzando grandes pantanales, luego de un sacrificado derrotero, llegaron a Miranda el 17 de septiembre de 1866. Allí estuvieron hasta el 11 de enero de 1867, en que salieron rumbo a Nioac..

La fuerza expedicionaria

El proyecto del gobierno imperial era, mientras se peleaba en el sur, realizar acciones de distracción que debilitaran las posiciones paraguayas. Para tal efecto armó la mencionada expedición que, saliendo de Sâo Paulo, llegara a retaguardia del Paraguay, pasando por Minas Gerais y llegara al Mato Grosso.

Muchas fueron las peripecias que esta expedición tuvo que sufrir en el largo recorrido de más de 2900 kilómetros. Epidemias de paludismo, cólera y otras penurias, como las dificultades de aprovisionamiento, ocasionaron en sus filas miles de muertes y deserciones.

La columna había partido inicialmente de Santos, pero recién pudo organizarse cabalmente en Uberaba, en julio de 1865, llegando a completar sus cuadros con más de 3.000 hombres. Fueron reforzados por hombres llegados de Ouro Preto, comandados por el coronel José Antonio da Fonseca Galvao. El propósito de esta expedición era apoderarse de Villa Concepción, pero para ello debían cruzar grandes extensiones de territorios infestados por alimañas y enfermedades..

Dios es paraguayo

La conjunción de todos los males se sumaron para dificultar la marcha de los brasileños. Cuando estos llegaron a la población de Miranda, la encontraron en ruinas (fue una de las ciudades saqueadas por los paraguayos en la campaña de Mato Grosso). Ciento trece días acampó la fuerza expedicionaria en Miranda. En ese lugar asumió la comandancia de dichas fuerzas el coronel Carlos de Morais Camisâo, a quien le cupo dirigir la marcha en medio de las más desfavorables condiciones, cada vez más acentuadas, cuanto más cerca estaban del propósito inicial, el Paraguay, pues la zona del gran pantanal se mostraba hostil hacia los miembros del ejército en marcha. Estas condiciones llevaron a la muerte a centenares de los soldados brasileños, aun antes de empezara la ofensiva militar, especialmente en el trayecto de Miranda a Coxim.

Camisâo reorganizó su ejército (originalmente dividido en dos brigadas de tres cuerpos cada una), pues tanto una como otra estaban tan reducidas por las bajas y deserciones, que las maniobras, basadas sobre determinadas cantidades de hombres, se habían vuelto impracticables. De los 3.000 originales, la fuerza expedicionaria estaba compuesta, a esta altura de alrededor de 1.600 hombres (y mujeres, traídas para poblar los campos paraguayos con hijos de brasileños).

El 11 de enero los brasileños salieron de Miranda. Cada vez que avanzaban, las condiciones empeoraban y eso repercutía severamente en la disciplina. A duras penas llegaron a Coxim, a 210 km de Miranda. En esta zona, el paisaje era más agradable y sano, lo que les llevó a recuperarse de las graves dolencias ocasionadas por las epidemias.

Luego de cruzar varios ríos, el 24 de enero de 1867 llegaron a la destruida población de Nioac. Esta había sido abandonada por los paraguayos en agosto de 1866. Allí, Camisâo instaló su cuartel general, y su diezmado ejército se dispuso a recuperar fuerzas y realizar ejercicios de combates.

Rumbo al Apa

El 25 de febrero de 1867, la columna comandada por Camisâo abandonó Nioac. De paso consiguieron una buena partida de ganado para las provisiones. Aun así, las reducidas fuerzas no estaban en condiciones de llevar adelante una ofensiva exitosa. La situación del ejército no era la más recomendable; había insuficiencia de víveres, de transportes, no tenían caballería, escaseaban las municiones, además de la imposibilidad de conseguir refuerzos y socorros; asimismo, cualquier retirada prevista por los jefes no conduciría o otra cosa que a un desastre.

Entre la oficialidad los ánimos estaban exaltados, tanto que cualquier debate sobre la situación de las fuerzas llegaba al cruce de ásperas palabras. A tal punto llegó la situación, que cuando se decidió marchar hacia delante era mejor que regresar; el comandante expresó: ”Dejo viuda 52y dos huérfanos. Tendrán como única herencia un nombre honrado”.­

Vini, vidi y...

El 13 de abril empezaron la marcha hacia el río Apa, pero nuevas penalidades se sumaron: los pocos caballos enfermaron. .­Algunos días después encontraron rastros de los paraguayos que hacía la guardia de la zona. .­Llegaron a orillas del río Apa, el 17 de abril y cuando intentaron cruzar por el paso de Tacuaruzú, tuvo lugar una breve escaramuza con fuerzas paraguayas comandadas por el mayor Martín Urbieta, pero estos no opusieron mayor resistencia porque era Viernes Santo y para suerte de los invasores, nada repugnaba tanto a nuestros compatriotas que guerrear en tan solemne ocasión.­

Los brasileños optaron por seguir por la margen derecha del Apa hasta las cercanías de Bella Vista. .­En un lugar llamado hacienda Machorra, los paraguayos empezaron a oponer resistencia y tuvo lugar una encarnizada lucha, pero los nuestros tuvieron que retroceder. .­Los brasileños ocuparon Bella Vista, el 21 de abril, mas encontraron tierra asolada.­

Los paraguayos les dejaron avanzar, sin perderlos de vista, cosa que incomodaba bastante a los invasores.­ El 30 de abril, los invasores reanudaron la marcha, pero la sombra del hambre empezó a sentirse entre aquellos.

­Llegaron a un barrero, hasta donde eran atraídos los rebaños, por las propiedades salinas del lugar. .­Era la Laguna.­ La retiradaa Pasaron los días, que los brasileños los dedicaban a procurarse ganados para la manutención. .­El día 5 de mayo empezó a llover y el campamento brasileño se convirtió en un pantanal.

­Las fuerzas brasileñas constaban de cuatro batallones de infantería, un regimiento de caballería, cuatro cañones y numerosos indios mbayá.­ El 7 de mayo refuerzos paraguayos comandados por el mayor Blas Montiel, enfrentaron a los brasileños, constantemente perseguidos por los paraguayos, los invasores resolvieron retroceder, pero los paraguayos les rodearon y cayeron encima, dispersando a los brasileños, con muchas bajas que regaron el campo de cadáveres, pese a la inferioridad numérica de los paraguayos.­

Diezmados los brasileños rebasaron nuevamente el Apa internándose en territorio brasileño, rumbo al establecimiento de Machorra, constantemente asediados por los paraguayos, quienes constantemente arremetían contra aquellos desgraciados, ocasionándoles tal carnicería, dificultándoles la huida y dispersando sus fuerzas, como ovejas acosadas por lobos.­

Derrota escoltada

De esa manera los paraguayos, además de ir aniquilando al enemigo, iban privándoles de sus provisiones y ganados, dejándoles totalmente desamparados.­ El descalabrado ejército marchó hacia Nioac, pero teniendo a los paraguayos a vanguardia, retaguardia y los
lancos, quitándoles todo recurso y esperanza de salvación.

­Sin nada que comer, excepto los bueyes uncidos a los carros, cuando querían apresurar la marcha, los paraguayos prendían fuego a los campos y cada día que pasaba, la muerte se enseñoreaba sobre los brasileños.

­Primero murieron los heridos, luego, una reguero de cadáveres de hambrientos iba dejando una tétrica estela por donde pasó el ejército derrotado.­ Los brasileños, para enfrentar el hambre, tuvieron que recurrir a las tunas y a raíces de árboles, inclusive se comieron los perros que les acompañaban.

­Para colmo, otra calamidad se volcó encima de ellos: el cólera, produciendo espantosos estragos.­ Aquel ejército que con tan mala suerte empezó su empresa, volvía convertida en una hilera de espectros, dejando a su paso, desertores y muertos, escoltados por las fuerzas paraguayas.

­Llegaron hasta el río Mbotetey, pero como estaba crecido tuvieron que acampar en los alrededores.

Allí el cólera se ensañó con esos desgraciados, cobrándose hasta la vida del coronel Camisâo, comandante de la columna. .­Fue seguido a la tumba por su segundo, el coronel Galvâo, quedando la jefatura a cargo del coronel José Tomaz.­ Luego de cruzar el Mbotetey, aquel ejército de espectros, de cadáveres ambulantes que no superaba las 500 personas fue conducido por los paraguayos hasta más allá de Nioac, abandonándolos en la orilla del Aquidauana.­

Algunos de los heroicos defensores paraguayos, además de los mencionados Urbieta y Montiel, fueron el capitán Crescencio Medina, el teniente Solio Almada, teniente Zárate y los alféreces Alejo Torres y Roa y el soldado Leonardo Ayala, vecino de San Ignacio, Misiones, quien llegó a enlazar un cañón, pero murió en el intento de arrebatarlo al enemigo.

­Así culminó aquel olvidado episodio, conocido en la historia brasileña como La retirada de la Laguna y en la paraguaya, con el nombre de batalla de Ñandypá.­
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