En casa de la familia Abadie-Alderete, la tradición reúne en torno a la fe. Cada 29 de setiembre hay asado y mucha alegría para honrar a San Miguel Arcángel. Se trata de una antigua costumbre religiosa que se transmite de generación en generación y tiene como protagonista a un santo tallado en madera en el siglo XVIII.
Si bien no existen registros precisos que indiquen el inicio de la tradición que cada 29 de setiembre reúne a los parientes en casa de la familia Abadie-Alderete (Barrio Obrero, Asunción), se sabe por transmisión oral que la devoción por San Miguel Arcángel es muy antigua.
Se menciona a la tatarabuela Fortunata, oriunda de San José de los Arroyos, como una de las primitivas dueñas del santo tallado en madera en el siglo XVIII, que los descendientes conservan como reliquia familiar. Cuentan los mayores que, por ley espiritual, corresponde al menor de los Alderete heredar la imagen y el compromiso de mantener el ritual festivo de cada año.
Hoy, día de San Miguel es feriado (coincide con el triunfo en la batalla de Boquerón, en tiempos de la Guerra del Chaco). A la una de la tarde, en el patio de la humilde vivienda que perteneció a los esposos Casimiro Abadie y Guillerma Alderete, hay mucha gente. Y cantidad de carne asándose. De la parrilla se encargan los varones, que atenúan el calor del fuego con refrescantes cervezas. En la cocina, las mujeres se organizan; unas preparan ensaladas y sopa paraguaya y otras alistan la mesa para la hora del almuerzo. Cada vez más personas llegan a la celebración. Se saludan y se abrazan. Se admiran y se alegran. "Pasa que algunos viven en la Argentina, pero indefectiblemente llegan para esta fecha", advierte Mirta Vázquez de Rojas, la anfitriona.
El reencuentro depara momentos gratos. Se convierte en un reguero de informaciones, donde todos preguntan por todos y se enteran de la vida y obra de cada miembro familiar.
Mirta vive con su marido, Marcos Antonio Rojas, y sus seis hijos en el hogar que habitaron sus fallecidos bisabuelos maternos: Guillerma y Casimiro. Es la que ahora cuida del santo, porque su tío, Modesto Abadie Alderete, el último entre 18 hermanos, reside en España. "A él le quedó San Miguel. El año pasado estuvo, ahora no pudo venir, pero envió la plata para que se haga la fiesta", detalla Mirta.
Hermanos, tíos, primos, cuñados, sobrinos. Y hasta novios y amigos de confianza participan del encuentro. Con devoción agradecen al santo los favores recibidos durante el año, especialmente por la salud y el trabajo.
Leonardo "Rey" Abadie Alderete viene desde Rafael Calzada, Argentina, donde se radicó hace 36 años y se desempeña como constructor de obras. "Vine porque es nuestro santo y debemos celebrar su día, como siempre hicieron mis padres. Era el santo de mi mamá; ella lo trajo de San José de los Arroyos, porque era la menor y le tocó heredar", explica el hombre, con cierta tonada rioplatense.
A San Miguel le atribuyen milagros de toda índole. Pero el más recordado y comentado le sucedió a Casimiro Abadie, justo un día 29. "Mi papá era aguatero, vendía agua por la calle con su carrito. Una vez, llegó el día de San Miguel y no tenía nada de dinero para celebrar; entonces, salió a recorrer para ver si juntaba algo, cuando de repente se fijó y vio que por la pata de su caballo se pegó mil quinientos guaraníes, que era mucho dinero en la época. Enseguida volvió a casa y se hizo una gran asadeada", cuenta sonriente "Rey".
Ignacia Benítez viuda de Alderete dice que aun en los peores momentos nunca faltan medios económicos para cumplir con la tradición. "Aunque sea quiniela jugamos y sacamos en esos días previos. Lo cierto es que tenemos que estar todos juntos en torno al santo".
Cae la tarde. La parrilla vacía mide el éxito de la jornada. Mucha gente vino a avivar la tradición espiritual. Con la señal de la cruz frente a San Miguel, se despiden y vuelven a sus hogares con la íntima satisfacción de haber rendido tributo al milagroso santo. Y a esperar el próximo reencuentro.
Santo universal. San Miguel, el primero de los siete arcángeles, es considerado el Jefe de los Ejércitos de Dios. Su devoción se extiende a las religiones judía, islámica y cristiana. Para los católicos es el protector contra el demonio, en tanto que para los hebreos es el protector de Israel y patrono de la sinagoga. En el arte se lo representa como un ángel alado con una armadura de general romano que amenaza con una lanza o una espada al demonio o dragón. Suele aparecer también pesando en una balanza las almas, porque, según la tradición religiosa, él tomará parte del Juicio Final.