Innovando la tradición con danzas estilizadas

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“Cuando bailo en un escenario me siento en otro mundo”, comenta Yanina Aguilera (15), quien transformó la danza tradicional de las botellas al incluirle pasos clásicos. Además, expresa que los aplausos luego de una presentación son lo más importante para un artista y que espera tener su propia academia en el futuro para inculcar a los jóvenes el arte que tanto ama.

Yanina comenzó a estudiar danza a los 7 años, cursa el 8.° curso en la academia Arte y Espacio. También toma clases de árabe, español y equilibrio de botellas. Con ayuda de la profesora Alethia López tuvo la idea de estilizar la típica danza paraguaya “Ella vio que alzaba muy bien las botellas y sabía cómo bailaba clásico. Me dijo que podíamos probar una fusión y nos salió muy bien”.

Participó en varios concursos en los que fue reconocida, entre ellos la competencia llamada Nuevos Talentos donde la premiaron como Mejor bailarina revelación con la danza árabe, y en Hacia la fama, como mejor bailarina con la estilización del baile de las botellas, levantando hasta 14 de ellas.

Viajó para una competencia en Buenos Aires donde ganó el primer puesto en su categoría y afirma que sintió mucho cariño de parte del público porteño: “Ellos estaban muy sorprendidos; me preguntaban cómo podía equilibrar tantas botellas. También había gente paraguaya que se sentía orgullosa de lo que hacía”.

Comenta que le encantan todos los estilos que baila, entre ellos jazz, español, árabe y paraguayo. “Me gusta hacer la danza de la botella de forma estilizada porque siento que tengo más libertad y la tradicional es más kyre’y˜ que también me agrada”.

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Cuando vaya a la facultad desea estudiar Nutrición o Psicología. “La verdad aún no estoy muy segura de qué carrera voy a seguir, pero con la danza voy a continuar hasta ser profesora”. En el futuro espera abrir su propia academia de danza y, por qué no, de actuación y música. “Quiero inculcar a los jóvenes el arte, porque los mantiene ocupados en algo sano”.

Afirma que el apoyo de su familia es fundamental, que sin ella no hubiese logrado nada, que los aplausos del público no tienen precio y valen mucho más que una medalla.

Por Ayelén Díaz (17 años)