Bajo esa premisa, el grupo estructuró un modelo que articula lo agrícola con lo industrial, donde Kimex es la base productiva, garantizando materias primas de calidad y prácticas responsables.
Ese valor se proyecta en la industria a través de Frutika, marca emblemática que permitió llevar productos con trazabilidad e identidad a millones de consumidores.
Pero el crecimiento no se limita a lo productivo. La creación de Kressburgo refleja una concepción empresarial más amplia: un espacio que impulsa educación, bienestar y progreso colectivo.

“Entendemos la empresa como un motor de desarrollo humano”, afirma Cristina.
De cara al futuro, el desafío es aún mayor. La CEO advierte que la industria demanda innovación constante y compromiso ambiental.
“Es posible expandirse optimizando recursos y generando impacto positivo”, sostiene, subrayando que la estrategia seguirá centrada en calidad, origen y propósito.

Con una mirada puesta en los mercados internacionales y una base profundamente arraigada en Paraguay, el Grupo Kress proyecta un crecimiento que no sacrifica sus principios, sino que los potencia como ventaja competitiva.
