Algunas aprendieron estos oficios por necesidad y otras por la inquietud de saber cómo hacer una reparación o una instalación en casa por sí mismas, comentó a EFE la electricista Martha Quispe, que es secretaria de Hacienda de la Asociación de Mujeres Constructoras de La Paz (Asomuc).
"Estamos luchando y la mayoría de mis compañeras son mamás solas que sostienen a sus hogares. Entonces pedir a todos que puedan echarnos una manito y contratarlas y apoyarlas (...) porque hoy en día, con la crisis, a veces hay trabajo y a veces no hay trabajo", contó.
Iniciarse en el camino de la construcción no es sencillo, confesó Quispe desde su propia vivencia, ya que por ejemplo, da temor el subirse a lugares elevados, pero con cuidado y el equipo de seguridad necesario "tranquilamente podemos hacer los trabajos".
"Soy electricista y digo hay que tenerle respeto a la electricidad, y se puede", aseguró la dirigente, que tiene dos hijos y una nieta.
En su caso, Quispe vio la necesidad de buscar un oficio por un episodio familiar "doloroso" y así encontró un curso de electricidad por el que conoció a Asomuc, organización que "ha sido un pilar fundamental" para poder "cambiar" su historia.
"Ahí he visto a mujeres que sí hacían ese trabajo y me quedaba anonadada, decía (...) se puede, ellas han podido y yo voy a poder", sostuvo.
Cuando comenzó a capacitarse, a menudo escuchaba frases como "no vas a poder, te estás metiendo a cosas de hombres, estás perdiendo tu tiempo", pero en 2024 se tituló como técnica superior en electricidad industrial.
Según Quispe, la Asomuc tiene alrededor de dos centenares de integrantes registradas, aunque están "activas" unas 50, por factores como la pandemia de la covid-19 o la crisis económica por la falta de dólares que hizo que encarezcan los materiales de construcción, lo que obligó a varias a cambiar de rubro.
Uno de los principales problemas que afrontan las mujeres constructoras es la desigualdad de salario y, además, prevalecen los prejuicios, el temor o la duda de si ellas podrán hacer bien el trabajo, señaló Quispe.
También está la necesidad de contar con cambiadores y baños diferenciados, o de que la ropa de trabajo tenga dos piezas, ya que el overol que llevan los hombres les resulta incómodo.
La directora ejecutiva de Red Hábitat, Anelise Melendez, dijo a EFE que un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 2018 señala que la participación de las mujeres en la construcción alcanza al 4,5 % de la población económicamente activa en ese sector en Bolivia.
El informe, que es el único que ofrece datos especializados sobre las mujeres en la construcción en Bolivia, también indica que "la brecha salarial estaba en el orden del 38 %", frente a la media en otros sectores que, según ONU Mujeres, es de 24 %, indicó.
Melendez impulsó entre 2010 y 2021 desde Red Hábitat diversos proyectos en favor de las constructoras, bajo la premisa de que "las mujeres tienen derecho a participar en un sector dinámico de la economía" e "irrumpir mercados masculinizados" como la construcción.
Gracias a esos programas, la organización ofreció capacitaciones técnicas, en derechos y formación de liderazgos, lo que dio lugar a la creación de la Asomuc y de entidades similares en otras regiones bolivianas.
Además, ante la brecha salarial, Red Hábitat y las asociaciones de mujeres trabajaron un proyecto de ley que busca "la igualdad de remuneración por igual trabajo, pero además mayores oportunidades laborales, dado el porcentaje bajo de participación que tienen las mujeres", indicó Melendez.
El proyecto se presentó a la anterior legislatura y se espera reactivar su tratamiento con el actual Parlamento, que inició labores en noviembre pasado.
