Ante esta problemática, la agencia sanitaria francesa y una iniciativa legislativa piden restringir su presencia, mientras que el Gobierno francés se defiende al asegurar que ya tiene listo un decreto para su disminución.
"Se trata de un escándalo al mismo nivel del amianto. Hubo que esperar 50 años para actuar y regularlo estrictamente", declara a EFE el diputado francés ecologista Benoit Biteau, quien encabeza una iniciativa legislativa en Francia para restringir el cadmio en los suelos agrícolas y, por lo tanto, en la alimentación.
El combate de Biteau, quien es también agricultor de productos ecológicos en el oeste de Francia, va en la línea de un reciente informe publicado por la Agencia de Seguridad Alimentaria de Francia, Anses, en el que vuelve a pedir que se apliquen "valores límite para el cadmio en las materias fertilizantes utilizadas en la agricultura".
Desde 2019, una reglamentación europea fija el máximo en 60 mg de cadmio por kilogramo de P₂O₅ (medida para expresar el contenido de fósforo en los fertilizantes) en los abonos minerales fosfatados, mientras que, gracias a una derogación, en Francia se permite hasta 90 mg.
Ambos techos están lejos de lo que recomienda la Anses, 20mg/kg, como ya se aplica, por ejemplo, en Finlandia.
Aunque la contaminación por cadmio, considerado cancerígeno por la OMS desde 1993, se da por otras vías como el tabaco, la ingestión de alimentos derivados de productos agrícolas es, con diferencia, la principal fuente.
La Anses cita los cereales de desayuno, pan y productos de panificación seca, bollería, pastelería, pasteles y galletas dulces, pasta, así como el arroz y el trigo refinados, las patatas y ciertas verduras. Alimentos que la inmensa mayoría de la población consume diariamente.
Las altas concentraciones de cadmio, que suceden desde hace décadas, han provocado que cerca de la mitad de la población francesa sobrepase actualmente la concentración crítica de ese metal pesado en la orina. Los niños más pequeños son los más expuestos.
El diputado ecologista denuncia que Francia importe fertilizantes procedentes de Marruecos, que están naturalmente impregnados con altas tasas de cadmio, por razones meramente "diplomáticas".
El legislador afirma que existen alternativas menos contaminantes y, al mismo tiempo, económicas. "Además son dos euros por año y hectárea para retirar el cadmio de los suelos agrícolas", asegura Biteau.
"No es eso lo que va a acabar con la competitividad de la agricultura francesa", se indigna el diputado, quien reprocha a los grandes productores agrícolas de tener una actitud inmovilista y de "dar preferencia al interés privado en detrimento de la salud, negando la ciencia".
Según la Anses, el cadmio está clasificado como "cancerígeno, mutágeno y tóxico para la reproducción" y se sospecha que induce a cánceres como el de páncreas, vejiga, próstata y mama.
Mientras el diputado ecologista intenta que su iniciativa legislativa para reducir el cadmio pueda entrar en el orden del día de la Asamblea -una tarea compleja porque necesita del apoyo de varios partidos-, la ministra de Agricultura, Annie Genevard, fue cuestionada en la Asamblea Nacional la víspera sobre lo que ciertos grupos políticos e investigadores tildan de "nuevo escándalo sanitario".
Genevard aclaró que se toma en serio el asunto y adelantó que tiene "un texto reglamentario" listo para aplicar cuando tenga el visto bueno del Consejo de Estado, alta jurisdicción que se pronuncia sobre la legalidad de las leyes en Francia.
"Vamos a llevar a cabo una disminución progresiva del cadmio (...) Solo nos faltan las conclusiones del Consejo de Estado, así que es falso que no hagamos nada", aseveró la ministra, sin aportar más precisiones sobre el ritmo de la disminución.
