Éste es el tercer giro que Donald Trump protagoniza desde que llegara a la Casa Blanca en enero de 2025 con la promesa de poner fin en 24 horas a la guerra en Ucrania:
Poco más de un mes después de que Trump regresara al poder, Volodímir Zelenski visitó Washington a finales de febrero de 2025. Lo que debía ser una primera toma de contacto entre ambos líderes desembocó en un agrio rifirrafe verbal en el que el vicepresidente, J.D. Vance, tuvo un protagonismo especial.
Además de echarle en cara su falta de agradecimiento a EE.UU., Trump repitió una y otra vez que “Ucrania no tiene cartas” y no puede ganar la guerra, por lo que debe capitular irremediablemente. Zelenski abandonó airado el Despacho Oval y los europeos acusaron a la Administración estadounidense de organizar una encerrona a su aliado. La propaganda rusa aprovechó el enfrentamiento para dar por hecho que Washington presionaría a Kiev para que se rindiera en los próximos meses.
Después del fracaso de las reuniones de normalización con Rusia y de las primeras rondas de negociación entre ambos bandos en conflicto desde 2022, Trump convocó una cumbre ruso-estadounidense en agosto de ese año en Anchorage, la capital de Alaska, al estilo de las que Ronald Reagan celebró en plena Guerra Fría con el líder soviético Mijaíl Gorbachov.
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Desconfianza de los líderes europeos
Trump se ganó la desconfianza de los líderes europeos, que defendieron la postura de que no puede haber una paz sin Ucrania. Para el líder ruso, Vladímir Putin, la cumbre fue una rotunda victoria diplomática, ya que rompía tres años y medio de aislamiento.
Además, Rusia ganó tiempo para seguir combatiendo en Ucrania y acusó a los europeos de ser el nuevo ‘partido de la guerra’ por rechazar lo que llamó “entendimientos” alcanzados entre Moscú y Washington. Es decir, la entrega del Donbás y el reconocimiento de la anexión de la península de Crimea, extremos inaceptables para Kiev.
Un año después, según se acercaban las elecciones legislativas, el presidente estadounidense comenzó a presionar a Zelenski para que cesara los certeros ataques contra las refinerías rusas. Kiev se negó, ya que Moscú rechazaba, por su parte, suspender los bombardeos contra su infraestructura energética. Sin tregua, Ucrania no estaba dispuesto a realizar concesiones unilaterales.
La otra opción era ampliar la cobertura de la red satelital Starlink a territorio ruso o incrementar el suministro de misiles Patriot. Trump nunca dio ese paso, ya que los camioneros o granjeros americanos, necesitados de combustible, tenían prioridad sobre los civiles ucranianos.
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Suministro de diésel ruso
Una vez que era imposible llegar a un acuerdo con Irán sobre el estrecho de Ormuz, decidió cortar por lo sano, autorizar el suministro de diésel ruso hasta abril de 2027 y suspender por 60 días la aplicación del paquete de sanciones conocido como Ley Graham.
Los expertos se preguntan si el giro de Trump será definitivo o una muestra más de la tradicional volatilidad del líder estadounidense. Mientras rusos y ucranianos no se fían y no descartan un nuevo cambio de opinión del inquilino de la Casa Blanca, los europeos tampoco quieren quedarse al margen de un futuro acuerdo de paz sobre la seguridad en el continente.
Tanto Trump como Putin son partidarios de un arreglo entre grandes potencias a imagen y semejanza de la Conferencia de Yalta (1945). En ese sentido, la cumbre de la APEC que se celebrará dentro de un mes en China, según informó The Wall Street Journal, podría acoger una cumbre tripartita entre Putin, Trump y el líder del gigante asiático, Xi Jinping. La próxima ventana sería en diciembre durante la cumbre del G20 en Florida, aunque el líder ruso aún no ha confirmado su presencia.
Elecciones legislativas en Estados Unidos
En lo que todos coinciden es en que mucho depende de los resultados de las elecciones del 3 de noviembre. “La política es muy agresiva en tiempo de elecciones”, dijo Zelenski, esperanzado en que las relaciones con Washington mejoren tras esos comicios. El líder ucraniano no se ha tragado el orgullo, pero tampoco ha roto puentes con EE.UU., al que los europeos compran el armamento para Kiev.
Trump no sólo ha endurecido su retórica electoral, sino que ha dado pasos que han dejado indefensas a las principales ciudades ucranianas. Si el giro se alarga en el tiempo, Kiev puede tener dificultades para sobrevivir al “crudo invierno ruso”.
